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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard.

junio 22, 2013

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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard. 1640. Museo del Louvre.

El pintor Pierre Mignard se hizo famoso por sus representaciones de la Virgen con el Niño, conformando en Francia una dulce tipología que sería repetida por sus sucesores.

Típico del barroco francés son el clasicismo, equilibrio y la idealización. El rostro de la Virgen posee una belleza serena que nos recuerda a las obras del gran pintor renacentista Rafael Sanzio. También la composición piramidal.

Es conocido que Mignard, como otros autores de la época viajó a Italia para perfeccionar su arte. Allí no sólo vería las obras de los grandes maestros clásicos del renacimiento, si no también de las corrientes de su época. Muestra de ello, podemos observar los contrastes entre sombras y luces, eso sí interpretados de una manera más francesa, es decir, equilibrada y sin dramatismo.

Al fondo un paisaje tenebroso medio cubierto por una cortina, en primer plano todo es equilibrio y armonía.

El Niño nos mira con delicadeza, bajo el fino velo de su Madre, símbolo de la pureza.

El azul del manto de la Virgen alude al Cielo, el rojo al amor. Las manzanas del pequeño bodegón de la izquierda podrían ser símbolo del Pecado Original y las uvas que la Virgen y el Niño toman en sus manos a la Eucaristía y el Sacrificio Redentor de Cristo.

Post dedicado a SDM 😉

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Virgen de la servilleta. Murillo. 1666

septiembre 22, 2009
Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta. Murillo, Bartolomé Esteban. 1666. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

Esta Virgen con el Niño, es realizada por Murillo para el retablo del Convento de los Capuchinos de Sevilla.
Según la leyenda un hermano lego del convento se dió cuenta un día de que faltaba una servilleta y Murillo se la devolvió con la imagen de la Virgen con el Niño pintada, otra versión nos cuenta cómo la pintó en agradecimiento a la Orden que tan bien le había acogido el tiempo que permaneció trabajando en el convento. 

La leyenda forjada durante el Romanticismo ha dado nombre al cuadro desde el S. XIX, cuando los cuadros de Murillo se encontraban altamente valorados. Pero la obra fue pintada en realidad sobre lienzo.

La forma de presentarnos a la Virgen con el Niño, es cercana e intimista. Siguiendo los pasos de la Contrarreforma, los santos, han bajado del Cielo a la Tierra. Sevilla atravesaba durante el S. XVII una crisis económica profunda, la pobreza y miseria se hacían patentes en las calles, donde mendigos y pilluelos buscaban sustento.

En una ciudad netamente mariana, que abogaba por el dogma de la Inmaculada, era muy común la figura de la Virgen como Madre y mediadora . La dulzura e intimismo con el que la representa Murillo, son una de las claves de la popularidad del pintor.

Influido por las corrientes tenebristas del barroco italiano propio de Caravaggio, las figuras se muestran sobre fondo oscuro. Esta vez se trata de un fondo neutro, que no distraiga nuestra atención. La afabilidad y humildad con que son presentados los personajes hacen más entrañable la pintura; visten de forma sencilla, su belleza es natural y típicamente sevillana, no llevan el típico halo sagrado, pero  las figuras envueltas de luz resaltan en él como si nos encontráramos ante una visión celestial.

La comunicación con el espectador es uno de las cualidades más atrayentes de la obra. El espectador toma parte en el cuadro, la Virgen nos muestra al Niño y el Niño quiere salir del cuadro y acompañarnos, su tierna mirada se para en nosotros.