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La Primavera. Botticelli.

abril 27, 2013

Imagen

La Primavera, 1482
Sandro Botticelli.
Galería de los Uffizi, Florencia.

En la Florencia de finales del Quatrocentto, fruto de las corrientes culturales y filosóficas un pintor nos deja una de las obras más bellas y famosas de la pintura Occidental.

La Primavera, es el reflejo del poema clásico de Ovidio Fastos, que retomado por el humanista Poliziano, habla de cómo según la mitología se desarrolla la génesis de la citada estación.

Debemos leerlo de derecha a izquierda.

El suave viento del Oeste Céfiro posee a la ninfa Cloris, transformándola en su esposa, convirtiéndola en la diosa Flora. Ésta aparece en el cuadro, con su vestido vaporoso y adornada con guirnaldas esparciendo las flores, en un jardín de ensueño.

Preside, en el centro, la diosa del Amor, Venus, con pose delicada, cabeza ladeada y coronada con un halo semicircular de luminosidad entre las ramas, recortándose su silueta sobre el fondo oscuro.

A su lado, las tres Gracias, símbolo de la armonía, danzan en círculo, con sus manos de finos dedos delicádamente entrelazadas. El tono oscuro del fondo y la rigidez vertical de los árboles, contrasta con el sutil flotar de las tres Gracias. Sus finos ropajes transparentes movidos al viento y pies de puntillas, evocan un ligero ritmo continuo y musical.

En el extremo del cuadro, junto a las Gracias y ensimismado en su labor, se encuentra el dios de la Guerra, Marte. Se le reconoce por su espada, sandalias y caduceo, con este último, dispersa unas nubes del jardín.

En la cúspide de la composición piramidal, aparece Cupido, con los ojos vendados, lanzando sus dardos.

La obra tiene diversas interpretaciones y su origen ha sido discutido. Recientemente, se piensa que fue encargada por Pierfrancesco de Medicis, sobrino de Lorenzo el Magnífico.

Botticelli, con su característico estilo, delicado y refinado, de dibujo armónico y  musical,  supo plasmar ese renacer del clasicismo y las corrientes neoplatónicas del Humanismo florentino del S. XV.

La Paz, la Belleza, el Amor, la Armonía son los ideales que presiden la composición.

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Virgen con el Niño y dos ángeles

septiembre 14, 2010
Virgen con el Niño y dos ángeles

Virgen con el Niño y dos ángeles

Virgen con el Niño y dos ángeles. 1445.
Fra Filippo Lippi. Galería de los Uffizi. Florencia.

Esta Madonna con el Niño y dos ángeles fue realizada por Filippo Lippi a mediados del Siglo XV. La era del “Quattrocento” italiano.

Según nos cuanta el historiador Vasari en sus célebres Vidas de pintores, Lippi tomó como modelo para la Madonna a su amante, la bella Lucrecia Butti.

Nos encontramos ante  una obra cargada de belleza serena.

La Virgen es presentada en actitud orante, con las manos unidas mirando fijamente al Niño Jesús. Su mirada profunda y melancólica parece anticipar el Sacrificio de Cristo y Su Muerte. Se encuentra sentada sobre un trono con rocallas doradas de influencia oriental.

El paisaje rocoso y nublado del fondo podría aludir al Gólgota, donde Jesús va a ser crucificado. Esta ventana artificial, enmarcada tridimensionalmente, se abre por detrás dando profundidad a la composición.

A la derecha, dos ángeles sostienen al Niño. Uno de ellos, vuelve la cabeza hacia nosotros, sonríe y nos mira queriendo hacernos partícipes de la escena.

Su rostro, más profano, contrasta con la belleza idealizada de la Virgen, de perfil estilizado, cuello largo y apacible mirada.

El dibujo elegante y refinado domina la pintura. Botticelli trabajaría en el taller de Lippi y asumiría su estilo.

A su vez, se observa en Lippi, la influencia del pintor Masaccio en el rostro del Pequeño y los ángeles. En los volúmenes grandiosos y la rotundidad.

La composición es equilibrada, el manto azul de la Virgen contrasta con la luz suave y dorada que baña el cuadro y lo sumerge en una atmósfera de delicada apacibilidad.