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El Conde Duque de Olivares a caballo

marzo 5, 2014

Imagen

El Conde Duque de Olivares a caballo. 1634. Diego Velázquez. Museo del Prado.

Don Gaspar Guzmán y Pimentel, conde duque de Olivares y valido del rey, nos mira orgulloso sabedor de su poder en la España de Felipe IV.

Como no podía ser de otra manera, se hace retratar orgulloso y altivo, cual césar romano a caballo y en corveta.

Su diagonal barroca domina el cuadro y su penetrante mirada detiene el tiempo.

En el fulgor de la batalla,  donde  el humo aún a lo lejos se divisa, los bravos  nubarrones en ciernes o la bravura del caballo no atemorizan al conde duque, quien con su frío autocontrol, sosiega toda convulsión.

La genialidad de Diego de Silva Velázquez se hace patente en esa captación psicológica unida a una maestría técnica sin igual,  obra de pincelada brillante y rápida, riqueza cromática y perfecto dominio de las texturas.

La luz y la sombra de la España Barroca donde al compás del ocaso de un gran Imperio, la genialidad del arte del momento trasciende y brilla con luz propia.

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Virgen de la servilleta. Murillo. 1666

septiembre 22, 2009
Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta. Murillo, Bartolomé Esteban. 1666. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

Esta Virgen con el Niño, es realizada por Murillo para el retablo del Convento de los Capuchinos de Sevilla.
Según la leyenda un hermano lego del convento se dió cuenta un día de que faltaba una servilleta y Murillo se la devolvió con la imagen de la Virgen con el Niño pintada, otra versión nos cuenta cómo la pintó en agradecimiento a la Orden que tan bien le había acogido el tiempo que permaneció trabajando en el convento. 

La leyenda forjada durante el Romanticismo ha dado nombre al cuadro desde el S. XIX, cuando los cuadros de Murillo se encontraban altamente valorados. Pero la obra fue pintada en realidad sobre lienzo.

La forma de presentarnos a la Virgen con el Niño, es cercana e intimista. Siguiendo los pasos de la Contrarreforma, los santos, han bajado del Cielo a la Tierra. Sevilla atravesaba durante el S. XVII una crisis económica profunda, la pobreza y miseria se hacían patentes en las calles, donde mendigos y pilluelos buscaban sustento.

En una ciudad netamente mariana, que abogaba por el dogma de la Inmaculada, era muy común la figura de la Virgen como Madre y mediadora . La dulzura e intimismo con el que la representa Murillo, son una de las claves de la popularidad del pintor.

Influido por las corrientes tenebristas del barroco italiano propio de Caravaggio, las figuras se muestran sobre fondo oscuro. Esta vez se trata de un fondo neutro, que no distraiga nuestra atención. La afabilidad y humildad con que son presentados los personajes hacen más entrañable la pintura; visten de forma sencilla, su belleza es natural y típicamente sevillana, no llevan el típico halo sagrado, pero  las figuras envueltas de luz resaltan en él como si nos encontráramos ante una visión celestial.

La comunicación con el espectador es uno de las cualidades más atrayentes de la obra. El espectador toma parte en el cuadro, la Virgen nos muestra al Niño y el Niño quiere salir del cuadro y acompañarnos, su tierna mirada se para en nosotros.

In Ictu Oculi. Valdés Leal. 1671

noviembre 1, 2008
In Ictu Oculi

In Ictu Oculi

In Ictu Ouli. Juan de Valdés Leal. 1671. Iglesia del Hospital de la Caridad, Sevilla. Estilo Barroco.

Un terrible esqueleto portando guadaña y ataúd pisotea un globo terráqueo, sedas, joyas, armas, libros mientras con la diestra apaga una vela. Sobre ésta, el letrero “IN ICTU OCULI”.

¿De qué se trata este asunto? ¿A qué viene tanto horror para un cuadro de una Iglesia de un Hospital? (more…)