Posts Tagged ‘romanticismo’

Tormenta de nieve. Turner

noviembre 13, 2013

Imagen

Tormenta de nieve. 1842. J. M William Turner
Tate Gallery. Londres.

Agitación febril, movimiento, fuerza desgarradora.

La naturaleza en toda su cruda realidad, en medio, un barco a la deriva. Un pintor romántico en su visión más violenta y vibrante de la inmensidad.

Dicen que el pintor se ató al mástil del barco para presenciar vivamente la tormenta

Pensamos: ¿paisaje? ¿abstracción? ¿expresionismo?¿realidad? Realmente moderno para su época.

Las toscas y empastadas pinceladas realzan el instante, los contrastes entre luces resplandecientes y tonos ocres se mezclan en nuestra retina y nos confunden. El punto focal se ha girado, no vemos el horizonte, tan sólo intuimos y reordenamos con nuestra imaginación.

La pintura se expande hacia el exterior desde el centro y las olas nos golpean arrollando nuestro mirar.

Con todo, una espléndida obra del inglés William Turner ejemplo del sentimiento romántico del S. XIX de los sublime.

Turner. Lluvia, vapor y velocidad.

junio 19, 2012

Lluvia, vapor, velocidad

Joseph Mallord William Turner.
Lluvia, vapor, velocidad. 1844. 
Galería Nacional de Londres.

Con Turner nos encontramos ante el Romanticismo pictórico.

Aquella máquina de metal, enorme armatoste ruidoso que recorría velozmente distancias jamás pensadas era reflejo de los cambios acaecidos con la Revolución Industrial.

La fuerza desgarradora del ferrocarril, transformaba la serena tranquilidad de pueblos y ciudades.

Turner no es ajeno al entusiasmo por los avances de su tiempo. Con una pintura a manchas, donde los contornos se diluyen y los fuertes brochazos se superponen, nos plasma anticipándose al Impresionismo,  la atmósfera de un paisaje de su época, entre un hermoso juego de luces cálidas de gran carga expresiva en la que se siente esa “lluvia”, “vapor” y “velocidad”.

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. Claude Lorrain. 1648

mayo 2, 2012

Claudio de Lorena

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. 1648.
Claude Lorrain.
Galería Nacional de Londres.

Claude Gellée era su verdadero nombre, el pintor había nacido en Lorena y muy tempranamente había emigrado a Roma. De ahí su apelativo “Claudio de Lorena”.

Entusiasmado con el esplendor de la Antigüedad clásica, Lorrain recrea en sus paisajes ensoñadores y melancólicos, escenas históricas y mitológicas, grandiosas ruinas, y monumentos solemnes del momento, bañados por una luz suave que diluye y suaviza levemente los contornos.

Lorrain es considerado el primer gran paisajista. Hasta entonces no había tenido tanta importancia éste género por sí mismo. Se lo consideraba menor.

Nos encontramos ante un refulgente amanecer en un puerto de la antigüedad clásica, ruinas y edificios más o menos de la época del pintor, recrean de forma imaginativa y ensoñadora un paisaje idílico.

La luz emerge del fondo bañando sutilmente las nubes, el mar, incitándonos a mirar hacia el horizonte.

En las obras de Lorrain, las figuras se muestran en pequeña escala y como de forma anecdótica, éstas hacen referencia al título de la obra, pero el indiscutible protagonista es el paisaje, un paisaje donde la luz y el color transforman la pintura en poesía y lirismo.

El Temerario remolcado a dique seco.

septiembre 23, 2010
The Fighting Temeraire tugged to her last berth to be broken up

The Fighting Temeraire tugged to her last berth to be broken up

El Temerario remolcado a dique seco. Turner 1839.
National Gallery de Londres

Turner, el gran pintor inglés de la luz romántica, describe  poéticamente en esta obra  los últimos momentos de El Temerario.

Este barco de guerra utilizado en la Batalla de Trafalgar por el almirante Nelson en 1808, es remolcado treinta años después por un pequeño barco de vapor más moderno para su desguace.
Turner, testigo del momento efímero, como buen pintor romántico nos deja el testimonio.

El Temerario, de color claro y grandes dimensiones, solemne en su último viaje, aparece como una alegoría de las victorias navales del pasado.

La pintura es expresiva, suelta, a manchas. Será muy admirada por generaciones posteriores por su gran carga poética, dramática y efectista.

El horizonte bajo hace destacar con gran pathos la figura del enorme barco y ese impresionante cielo cargado de color en sus difusas nubes.

El sol se pone reflejando sus flamígeros colores sobre las aguas tranquilas del Támesis.

La puesta de sol nos alude al final de una época, de una vida, de un pasado.

De forma serena El Temerario asume con grandeza su destino hacia el ocaso.

Caminante ante el mar de niebla. Caspar David Friedrich.1818

octubre 26, 2009
Caminante ante el mar de niebla

Caminante ante el mar de niebla

Caminante ante el mar de niebla. Caspar D. Friedrich.1818. Romanticismo alemán.
 
Un caminante solitario alzándose  sobre una roca para contemplar extasiado el mar de nubes que se presenta ante él.
¿Quién es ese caminante que nos da la espalda?, para algunos Friedrich, el propio pintor, para otros un ser fallecido al que Friedrich rinde  homenaje.  Yo lo vería como “el Hombre” como ser digno y elevado, viste orgulloso el  típico traje negro de levita alemán. Es frágil su condición humana, pero sensible y elevada.
Lo vemos en el centro del cuadro, los puntos de fuga tienden hacia él y recorta la escena con color profundo. Pero a la vez apreciamos una naturaleza abumadora, sobrecogedora. Estamos en el centro ¿pero dominamos desde allí o contemplamos?
Lo firmeza y seguridad del primer plano, contrasta con el movimiento vaporoso e indefinido del paisaje.
El caminante de la vida, contempla con admiración la fuerza arrolladora de la Naturaleza. A veces dominada por el hombre, y otras veces escapándose de sus manos.
Esencia del Romanticismo, lo sublime, lo sobrecogedor, formas abiertas, contraste de color.
El hombre ante el destino, ¿su destino? ¿nuestro destino? la condición del hombre su fragilidad, la experiencia discontinua y su dignidad para elevarse y a la vez la fuerza sublime de la Naturaleza.

Acantilados blancos en Rügen. Caspar D. Friedrich

septiembre 5, 2008
Acantilados blancos en Rügen

Acantilados blancos en Rügen

Acantilados Blancos en Rügen. Caspar D. Friedrich. Escuela alemana. Principios S. XIX. Romanticismo.

A través de las obras de Friedrich se aprecia el anhelo humano de infinitud. La melancolía se vislumbra a través de la soledad de la figura humana representada a pequeña escala frente a la inmensidad del paisaje.

Una Naturzalez divinizada, sobrecogedora a la vez que idealizada expresa el sentimiento de lo sublime.

En un primer plano en tonos oscuros aparecen tres figuras humanas, pequeñas y de espaldas al espectador, ya que el verdadero protagonista, el paisaje, está en frente de ellos.

A la derecha, el hombre apoyado sobre el árbol ha quedado conmocionado ante la infinitud de ese mar sereno fundido con el cielo. Ya que como dice Kant en su ensayo sobre lo bello y lo sublime: “ Las cualidades sublimes infunden respeto; las bellas, amor.”

El árbol, símbolo del renacer a la eterna primavera une un primer plano oscuro con un esperanzador fondo luminoso.

Han desaparecido las tradicionales líneas verticales y horizontales que estructuraban el cuadro.

El formato vertical y la composición en forma de “V” nos agobia, la copa de los árboles nos evitan el poder mirar plenamente hacia el fondo. Nos quedamos anhelantes anticipando la visión plena de ese mar de tonos azul y malva. La vista se eleva y busca la sernidad que produce la luz conforme va ascendiendo.

Los perfiles de los escarpados acantilados se dibujan linealmente recortando el plano posterior, mientras dos barcos se alejan y se hacen pequeños ante la inmensidad, como pequeño se siente el hombre ante la limitación de la vida.

Su deseo de inmensidad e infinitud se funde con el infinito.