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La Adoración de los Pastores. Murillo

diciembre 29, 2011
Adoración de los pastores
Adoración de los pastores

La Adoración de los Pastores. 1650-1655.
Bartolomé Esteban Murillo.
Museo del Prado.

Una luz brilla entre la oscuridad de la noche. El Niño Jesús ha nacido en un pobre pesebre.

Según nos cuenta el Evangelio de San Lucas, unos pastores fueron a adorarle.

En las obras de Murillo, la humanidad se hace presente.

Una vez más, lo celestial ha bajado a la tierra, pero de manera silenciosa; no busquemos en el cuadro destellos refulgentes de halos de santidad, o ricas joyas y tejidos suntuosos.

El realismo del barroco sevillano y el tenebrismo caravaggesco son propios de la época.

Se presenta la realidad tal y como es, sin más idealización que la belleza del hecho causante.

La Virgen María es una joven de rostro dulce, la luz que emana del Niño baña su rostro e ilumina parte del pesebre.

Los pastores con sus pobres ropas harapientas, recogimiento y sencillez son retratados de forma naturalista, como modelo ejemplar de actitud en la vida.

Las tres edades del hombre juventud, madurez y ancianidad, adoran al Niño .

Nadie mejor que Murillo con su estilo sencillo y humilde par reflejar el Misterio de la Natividad.

Virgen de la servilleta. Murillo. 1666

septiembre 22, 2009
Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta. Murillo, Bartolomé Esteban. 1666. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

Esta Virgen con el Niño, es realizada por Murillo para el retablo del Convento de los Capuchinos de Sevilla.
Según la leyenda un hermano lego del convento se dió cuenta un día de que faltaba una servilleta y Murillo se la devolvió con la imagen de la Virgen con el Niño pintada, otra versión nos cuenta cómo la pintó en agradecimiento a la Orden que tan bien le había acogido el tiempo que permaneció trabajando en el convento. 

La leyenda forjada durante el Romanticismo ha dado nombre al cuadro desde el S. XIX, cuando los cuadros de Murillo se encontraban altamente valorados. Pero la obra fue pintada en realidad sobre lienzo.

La forma de presentarnos a la Virgen con el Niño, es cercana e intimista. Siguiendo los pasos de la Contrarreforma, los santos, han bajado del Cielo a la Tierra. Sevilla atravesaba durante el S. XVII una crisis económica profunda, la pobreza y miseria se hacían patentes en las calles, donde mendigos y pilluelos buscaban sustento.

En una ciudad netamente mariana, que abogaba por el dogma de la Inmaculada, era muy común la figura de la Virgen como Madre y mediadora . La dulzura e intimismo con el que la representa Murillo, son una de las claves de la popularidad del pintor.

Influido por las corrientes tenebristas del barroco italiano propio de Caravaggio, las figuras se muestran sobre fondo oscuro. Esta vez se trata de un fondo neutro, que no distraiga nuestra atención. La afabilidad y humildad con que son presentados los personajes hacen más entrañable la pintura; visten de forma sencilla, su belleza es natural y típicamente sevillana, no llevan el típico halo sagrado, pero  las figuras envueltas de luz resaltan en él como si nos encontráramos ante una visión celestial.

La comunicación con el espectador es uno de las cualidades más atrayentes de la obra. El espectador toma parte en el cuadro, la Virgen nos muestra al Niño y el Niño quiere salir del cuadro y acompañarnos, su tierna mirada se para en nosotros.