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Tormenta de nieve. Turner

noviembre 13, 2013

Imagen

Tormenta de nieve. 1842. J. M William Turner
Tate Gallery. Londres.

Agitación febril, movimiento, fuerza desgarradora.

La naturaleza en toda su cruda realidad, en medio, un barco a la deriva. Un pintor romántico en su visión más violenta y vibrante de la inmensidad.

Dicen que el pintor se ató al mástil del barco para presenciar vivamente la tormenta

Pensamos: ¿paisaje? ¿abstracción? ¿expresionismo?¿realidad? Realmente moderno para su época.

Las toscas y empastadas pinceladas realzan el instante, los contrastes entre luces resplandecientes y tonos ocres se mezclan en nuestra retina y nos confunden. El punto focal se ha girado, no vemos el horizonte, tan sólo intuimos y reordenamos con nuestra imaginación.

La pintura se expande hacia el exterior desde el centro y las olas nos golpean arrollando nuestro mirar.

Con todo, una espléndida obra del inglés William Turner ejemplo del sentimiento romántico del S. XIX de los sublime.

Halcones en la noche. Edward Hopper.

septiembre 19, 2010
Nighthawks

Nighthawks

Halcones en la noche. Edward Hopper. 1942.
Colección del Instituto de Arte de Chicago.

Halcones en la Noche, traducción literal del nombre originario del cuadro “Nighthawks” o “Noctámbulos” en su versión castellana, es una obra que no deja impasible al espectador.

Un halo de ansiedad y  misterio lo envuelve. El cine clásico recurriría muchas veces a esta obra.

El silencio y la soledad de la vida moderna se nos presentan como en una imagen fantástica y onírica que conecta con los cuadros de Giorgio Chirico.

Un rincón de la Greenwich Avenue de Nueva York es iluminado de forma espectral por las luces fluorescentes de un bar. Éste se ubica a la derecha del cuadro, en original perspectiva.

En la acera de en frente vemos un edificio solitario con un escaparate vacío y ventanas oscuras.

Los fuertes colores rojo, amarillo y negro dan énfasis a la pintura

La sensación de distanciamiento se refuerza con la cristalera, a través de ella podemos ver a cuatro personas.

Como si se refugiaran allí de la soledad y el vacío, de la alienación del individuo en la vida moderna buscan la fuerte luz artificial que cual faro  se presenta  como reclamo en la oscuridad de la noche.

Los personajes no se miran entre ellos, uno aparece desplazado en la esquina de la barra, otro ensimismado en sus pensamientos, la mujer de rojo da una nota de color y contraste al cuadro.

Estos tres personajes aparecen recortados sobre un fondo negro, la sensación es la de ver un cuadro dentro de otro cuadro. ¿Hasta dónde llegan los espacios fragmentados y la experiencia discontinua de la vida en la gran ciudad? El camarero, a parte inclinado, realiza su labor. El tiempo se detiene.