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Impresión sol naciente. Claude Monet.

octubre 7, 2011
Impresión sol naciente
Impresión sol naciente

Impresión sol naciente.  Claude Monet. 1873

Museo Marmottan-Monet. París

Cuando Monet expuso este cuadro en el salón de los independientes, el público se quedó desconcertado.

No encajaba con la tradición de la época. Era una pintura a manchas, en la que el dibujo no se encontraba bien definido, donde los colores se superponán creando una atmósfera difusa.

No encajaba con el estilo que se tenía por válido entonces y que era el que mostraban los grandes Salones de Exposiciones de la capital francesa.

Estaba naciendo el Impresionismo.

El término fue acuñado de manera peyorativa por un crítico de arte, haciendo alusión al título de esta obra. 

Era más bien una “impresión” difusa no una visión real y bien definidas. Las formas se devanecen, las manchas se superponen. Para observarla mejor,  nos hemos de retirar un poco del cuadro y a cierta distancia percibimos mejor la pintura.

Lo que el crítico de arte no predecía es que pasaría a la posteridad como uno de los movimientos más apreciados de la Historia del Arte.

Monet pintó las vistas del puerto de Le Havre desde su ventana, no buscaba una mímesis de la realidad;  con toques ligeros y de forma personal, en su obra mostró una sensación subjetiva de un momento, de una visión, entre luces centelleantes, el reflejo de lo fugaz y cambiante, tan del gusto impresionista.

Marineros en sus barcas continúan su faena.

Un redondeado sol naranja, pequeño pero vibrante se levanta ante un horizonte  apasionado por el juego de luces, centelleos y reflejos que nos hablan del sutil lirismo de lo efímero.

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El columpio. Pierre-Auguste Renoir

octubre 1, 2008
El columpio

El columpio

El columpio. Pierre-Auguste Renoir 1876. Impresionismo. Museo D’Orsay

Un exterior radiante de luz donde unos personajes conversan relajadamente con naturalidad.

Más que un tema de solemne inmutabilidad, lo que importa a los impresionistas es la sensación. Para ello la luz y el color juegan el papel principal.

Los volúmenes no se delimitan, las formas no se encierran, si no que fluyen bajo una luz que vibra, las pinturas impresionistas tienden hacia la expansión. Somos espectadores fugaces que de manera casual, vemos un recorte de la escena, los personajes no posan para nosotros. Uno se encuentra de espaldas, la niña casi se sale del cuadro. Las copas de los árboles quedan sólo sugeridas.

La composición vertical queda ausente de frialdad gracias a la pincelada a manchas y la armoniosa combinación de tonos.

Las sombras han dejado de ser negras o grisáceas, se opta por los tonos azulados y lilas.

Los colores fríos y calientes se contraponen. El blanco refleja todos los colores del cuadro. Nuestra pupila mezcla las manchas de color y nos sugiere la ensoñación espontánea, de un momento fugaz donde se hace un canto a la belleza natural y la alegría de vivir.