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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard.

junio 22, 2013

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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard. 1640. Museo del Louvre.

El pintor Pierre Mignard se hizo famoso por sus representaciones de la Virgen con el Niño, conformando en Francia una dulce tipología que sería repetida por sus sucesores.

Típico del barroco francés son el clasicismo, equilibrio y la idealización. El rostro de la Virgen posee una belleza serena que nos recuerda a las obras del gran pintor renacentista Rafael Sanzio. También la composición piramidal.

Es conocido que Mignard, como otros autores de la época viajó a Italia para perfeccionar su arte. Allí no sólo vería las obras de los grandes maestros clásicos del renacimiento, si no también de las corrientes de su época. Muestra de ello, podemos observar los contrastes entre sombras y luces, eso sí interpretados de una manera más francesa, es decir, equilibrada y sin dramatismo.

Al fondo un paisaje tenebroso medio cubierto por una cortina, en primer plano todo es equilibrio y armonía.

El Niño nos mira con delicadeza, bajo el fino velo de su Madre, símbolo de la pureza.

El azul del manto de la Virgen alude al Cielo, el rojo al amor. Las manzanas del pequeño bodegón de la izquierda podrían ser símbolo del Pecado Original y las uvas que la Virgen y el Niño toman en sus manos a la Eucaristía y el Sacrificio Redentor de Cristo.

Post dedicado a SDM 😉

El escriba sentado

julio 8, 2010
El escriba sentado

El escriba sentado

El escriba sentado.  2620-2500 a.C. Egipto. Imperio Antiguo. IV Dinastía.
Museo del Louvre, procedente de Saqqarah.

Esta escultura de bulto redondo, representa a una de las figuras más destacadas  del Egipto faraónico.

Se trata de un escriba, es decir, un funcionario de la administración y burocracia faraónica.

Los escribas tenían un gran prestigio en el antiguo Egipto. Eran los encargados de anotar, contabilizar, documentar, interpretar y dejar constancia de la vida diaria de la sociedad. A pesar de ello, no sabemos más acerca de la identidad de este personaje en concreto.

Está realizada en piedra caliza y policromada en color ocre.

Es una escultura sedente sobre una base semicircular. Se observa la clásica rotundidad y fuerza de las esculturas egipcias. Con la mano izquierda sostiene el papiro y con la derecha imaginamos que en su origen poseería una caña de junco afilada para escribir.

Los labios son finos, la mirada penetrante. Los ojos han sido realizados con incrustaciones de alabastro y cristal de roca bien pulido perfilados al gusto imperante.

Los pliegues de la barriga y la incipiente obesidad hacen de la escultura una obra realista. No obstante, la figura se presenta erguida, con el torso y el cuello bien firmes con una pose digna, realizando su oficio con orgullo, sabiéndose custodiador de una de las culturas más importantes de la Antigüedad.