Posts Tagged ‘impresionismo’

Arearea. Paul Gauguin

octubre 12, 2012
Arearea

Arearea

Arearea 1892 Paul Gauguin.
Museo D’Orsay

Arearea, significa jocosidad, alegría en lengua tahitiana y es el sentimiento apacible que nos quiere mostrar Gauguin a través de esta pintura.

El tiempo parece haberse parado en este cálido paisaje donde la idealización ensoñadora y primitiva y la sencillez nos hablan de la belleza del euilibrio y la armonía.

Huyendo de la vida moderna de la gran ciudad, el pintor Paul Gauguin se retira a Tahití. Es en esta isla de la polinesia donde se encuentra inspirado para pintar sus obras más famosas.

Más allá del impresionismo, e influenciado por Van Gogh y las composiciones de las estampas japonesas, Gauguin desarrolló un estilo personal que marcaría generaciones posteriores de artistas fauvistas y naif.

Como en una utopía de fábula, en sus obras conviven apaciblemente hombres, dioses ancestrales, vegetación exótica, animales…

Nada importa al pintor  las críticas en un principio a su obra, a su perro naranja en primer plano, la falta de perspectiva o de profundidad, pues más que una representación mimética de la realidad, Gauguin quiere mostrarnos emotivamente su visión personal.

Desvinculado de normas y convencionalismos, Gauguin disfruta de la libertad expresiva  y juega con la combinación rítmica de las formas y los colores. Tonos cálidos y planos sin perspectiva, esencia y sencillez, nos hablan de la alegría de una vida idílica  de armonía del hombre con la naturaleza.

Impresión sol naciente. Claude Monet.

octubre 7, 2011
Impresión sol naciente
Impresión sol naciente

Impresión sol naciente.  Claude Monet. 1873

Museo Marmottan-Monet. París

Cuando Monet expuso este cuadro en el salón de los independientes, el público se quedó desconcertado.

No encajaba con la tradición de la época. Era una pintura a manchas, en la que el dibujo no se encontraba bien definido, donde los colores se superponán creando una atmósfera difusa.

No encajaba con el estilo que se tenía por válido entonces y que era el que mostraban los grandes Salones de Exposiciones de la capital francesa.

Estaba naciendo el Impresionismo.

El término fue acuñado de manera peyorativa por un crítico de arte, haciendo alusión al título de esta obra. 

Era más bien una “impresión” difusa no una visión real y bien definidas. Las formas se devanecen, las manchas se superponen. Para observarla mejor,  nos hemos de retirar un poco del cuadro y a cierta distancia percibimos mejor la pintura.

Lo que el crítico de arte no predecía es que pasaría a la posteridad como uno de los movimientos más apreciados de la Historia del Arte.

Monet pintó las vistas del puerto de Le Havre desde su ventana, no buscaba una mímesis de la realidad;  con toques ligeros y de forma personal, en su obra mostró una sensación subjetiva de un momento, de una visión, entre luces centelleantes, el reflejo de lo fugaz y cambiante, tan del gusto impresionista.

Marineros en sus barcas continúan su faena.

Un redondeado sol naranja, pequeño pero vibrante se levanta ante un horizonte  apasionado por el juego de luces, centelleos y reflejos que nos hablan del sutil lirismo de lo efímero.

La estrella. Degas

mayo 28, 2011
La estrella
La estrella

La estrella 1876-1877. Edgar Degas.
Pastel sobre papel.
Museo de Orsay, París

Con un armoniosos movimiento, la estrella del ballet, danza sobre el escenario. Como si flotara etéreamente, con su vaporoso tutú y su pose refinada nos comunica la belleza de un instante fugaz, la esencia de lo efímero.

Al igual que los impresionistas, grupo al que pertenecía, Degas se interesaba por temáticas comunes, momentos en la vida, pero a diferencia de ellos, su predilección fueron las luces interiores y el dibujo.

Sobre un pie, en un ángulo del escenario, la joven se mantiene en la diagonal del cuadro de forma estilizada. Un momento anterior, ha elevado los brazos y ahora los comienza a bajar. Imaginamos la secuencia, es un minuto fugaz de vida recogido.

 Captada desde un ángulo superior, parece como si nos encontráramos en un palco de la ópera y desde nuestro lugar privilegiado, contemplamos la actuación. Las perspectivas audaces y los planos de las estampas japonesas habían marcado una gran influencia en los pintores europeos de principios del siglo XIX.

Parece que al fondo se encuentra un hombre ataviado de traje oscuro, tal vez el profesor de baile o un espectador más, quizás el propio Degas, su rostro no lo vemos, detrás otras jóvenes bailarinas.

La composición es fragmentada y el fondo no interesa,  el observador de manera selectiva centrará su atención en lo esencial, su mirada no abarca todo el escenario.

Degas con su técnica fresca y brillante al pastel supo como nadie transmitir la fantasía, la magia y la ensoñación delicada del mundo del ballet.

El tocador de pífano. Edouard Manet

junio 28, 2010
Pífano

El tocador de pífano

El tocador de pífano. 1866. Edouard Manet. Impresionismo.  

En 1866, tras haber visitado El Prado y sintiendo la influencia de la vivacidad de la pintura barroca española, Manet pinta a este joven muchacho con el uniforma de la Guardia Imperial. Es un chico anónimo tocando un pífano, una flauta travesera introducida por los suizos en sus regimientos y adoptado más tarde por los franceses.  

Lo más interesante del cuadro es el efecto de  tridimensionalidad conseguido pese a la colocación de la figura sobre un fondo neutro sin separación entre el suelo y la pared. El juego de la sombra de los pies y las luces del fondo, la perspectiva aérea y el ambiente al más puro estilo velazqueño, contribuyen a crear la aparente profundidad.  

Esta obra en concreto, muestra la atracción de Edouard Manet por el retrato del actor Pablo de Valladolid pintado por Velázquez. 

La audaz combinación de colores hace la obra aún más atractiva. El negro, color poco utilizado hasta la época y gran descubrimiento de los Impresionistas,  junto al blanco y al rojo le añaden fuerza y contraste. El interés por la estampa japonesa con sus gruesos trazos negros contorneando grandes áreas también se hace evidente en la obra.   

El fondo, en tonos de ocre degradado, es influencia de los cuadros barrocos españoles, así como la captación de la atmósfera y la perspectiva aérea, la soltura de la pintura a manchas y la naturalidad del tema. Es una obra en resumen, reflejo de la admiración e influencia que la pintura del Siglo de Oro española causaría en la generación de los pintores Impresionistas.

La noche estrellada. Vincent Van Gogh. 1889.

mayo 17, 2010
La noche estrellada

La noche estrellada

La noche estrellada. Vincent Van Gogh. Saint Rémy, 1889. Museo de Arte Moderno de Nueva York.

“Yo quiero llegar a un punto en mi obra donde se diga  este hombre siente profundamente”, escribía Vincent van Gogh en una de sus cartas a su hermano Théo.

Ésta es una de las obras más conocidas de Van Gogh, por su belleza y su fuerza expresiva.

Fue pintado en un momento amargo de su atormentada vida. Debido a sus trastornos psicológicos, el pintor residía entonces en un hospital para enfermos mentales. Desde su ventana observaba la naturaleza y quedaba conmocionado por ella.

Influenciado por los Impresionistas en un primer momento, el estilo de van Gogh, poco a poco va recorriendo un camino más personal  de expresividad y fuerza desgarradora que marcaría notablemente a generaciones de pintores posteriores.

En este cuadro nos presenta su visión de una noche en el pueblecito de Saint Rémy.

El cielo agitado por estrellas incandescentes como fuertes llamaradas contrasta con el pueblo inmutable y sereno dormido bajo ellas. Un oscuro ciprés, a la izquierda, en primer plano, une ambas esferas.

El color morado junto a su complementario, el amarillo realzan la fuerza  visionaria. Un negro ciprés de dignas proporciones aplaca en primer plano la llamarada y equilibra los ritmos vertical – horizontal.

Como en la época romántica, Van Gogh, se siente atraido por la sublimidad de la noche, es una experiencia sobrecogedora que nos transmite a través de pinceladas serpenteantes, arremolinadas, intensas como su alma agitada.

La infinitud de la Naturaleza y la pequeñez del Ser Humano.

Las estrellas envueltas por un gran halo de resplandor junto a la inmensidad de la incandescente luna que como un sol nos recuerda esa gran fuerza creadora del genio que no puede callar aunque todos duerman.

La gran Ola de Kanagawa. Hokusai.

junio 21, 2009
La gran ola de Kanawa

La gran ola de Kanagawa

La gran Ola de Kanagawa. Hokusai. 1830 -1832.  Grabado en madera

La gran Ola de Kanagawa forma parte de una serie de treinta y seis vistas del Monte Fuji, realizado a principios de la década de los treinta por el artista japonés Katsushika Hokusai.

Este en concreto es el grabado más conocido y ha sido ampliamente reproducido, encontrándose diversas versiones en distintos museos, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York,  Museo Victoria Alberto de Londres, Museo Británico, etc.

Hokusai inicia su carrera pictórica aprendiendo los motivos tradicionales de los Ukiyoe o “Pinturas Flotantes” se trataba de grabados realizados con gran rápidez y comercializables a buen precio.  En los inicios estos grabados representaban motivos del teatro japonés, guerreros samurais, cortesanas… en una siguiente etapa aparecerá también en ellos el paisaje. Éste es entendido más que como “representación” como estado del alma, ya que para la mentalidad japonesa, la naturaleza forma parte de nosotros mismos, a veces sobrecogedora, otras dominada por el hombre en sus labores domésticas…

El Monte Fuji con sus 3776 metros de altitud es el monte sagrado por excelencia de Japón. El pico más alto de la Isla al cuál se le atribuían leyendas relacionadas con el elixir de la inmortalidad.

Hokusay homenajea con esta serie de grabados el más poderoso símbolo del Japón.

La gran ola domina el primer plano, su vitalismo y fuerza contrasta con el sereno hueco que forma y desde el cuál, como por casaualidad se vislumbra el Monte Fuji, con su cima cubierta de nieve.

La gran ola se arremolina en espiral y parece terminar en garras, como las del mítico dragón japonés.

Los motivos principales se encuentran bien delineados con firme trazo negro.

Las líneas curvas de la ola se compensan con las rectas de la barca, la furia del mar con la serenidad inmutable del Monte Fuji o con la experiencia de los pescadores quse se esmeran en su labor.

El redescubierto azul de Berlín contrasta con su opuesto el anaranjado del cielo.

Las fuerzas del Ying y el Yang se hacen patentes.

La vitalidad de la obra, la manera de tratar el tema, el colorido vibrante y los contrastes entre planos no dejarían impasibles a los pintores occidentales, apreciándose una gran influencia en los Impresionistas.

El columpio. Pierre-Auguste Renoir

octubre 1, 2008
El columpio

El columpio

El columpio. Pierre-Auguste Renoir 1876. Impresionismo. Museo D’Orsay

Un exterior radiante de luz donde unos personajes conversan relajadamente con naturalidad.

Más que un tema de solemne inmutabilidad, lo que importa a los impresionistas es la sensación. Para ello la luz y el color juegan el papel principal.

Los volúmenes no se delimitan, las formas no se encierran, si no que fluyen bajo una luz que vibra, las pinturas impresionistas tienden hacia la expansión. Somos espectadores fugaces que de manera casual, vemos un recorte de la escena, los personajes no posan para nosotros. Uno se encuentra de espaldas, la niña casi se sale del cuadro. Las copas de los árboles quedan sólo sugeridas.

La composición vertical queda ausente de frialdad gracias a la pincelada a manchas y la armoniosa combinación de tonos.

Las sombras han dejado de ser negras o grisáceas, se opta por los tonos azulados y lilas.

Los colores fríos y calientes se contraponen. El blanco refleja todos los colores del cuadro. Nuestra pupila mezcla las manchas de color y nos sugiere la ensoñación espontánea, de un momento fugaz donde se hace un canto a la belleza natural y la alegría de vivir.