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La lechera. Vermeer

agosto 26, 2010
La lechera

La lechera

La lechera. Vermeer. 1658-1660 Rijksmuseum de Amsterdam.

Una muchacha vierte leche en un cuenco en un interior bañado por una luz apacible.

La leche fluye lentamente, pero el tiempo se detiene al observar el cuadro. De él emana una serenidad atemporal y un silencioso lirismo, dos hermosas cualidades del maestro holandés Johannes Vermeer.

Se trata de una escena de género, un retrato de una sirvienta y un bodegón exquisito.

Es un interior humilde, así como el gesto sumiso de la doncella, quien concentrada inclina la cabeza como aceptando su labor con agrado. La pared desconchada, un cristal de la ventana roto.

La luz confiere profundidad, entra por la izquierda y baña la habitación con un fino velo creando un ambiente intimista y delicado.

La paleta es la típica de Vermeer, amarillo limón opuesto a azul cobalto. Tonos grises, azulados y blanco matizan y templan el conjunto.

Se observa el dominio en las texturas, el contraste entre los utensilios colgados y los de la mesa.

En el suelo un pequeño calentador de pies se encuentra junto a un zócalo de azulejos de color blanco y azul que nos recuerda a la famosa porcelana de Delft.

Vermeer utiliza una técnica llamada “pointillé” , a través de pequeños puntos de color luminosos para conseguir el efecto vibrante que observamos por ejemplo en el pan.

La pincelada es segura y a manchas. Influiría en los bodegones del francés Chardin. Las obras de Vermeer también serían muy apreciadas por los Impresionistas.

Mientras otros cuadros del autor servían como críticas a la mujer negligente aquí  hace un elogio  a la virtud de la joven, a la laboriosidad callada.

Frente a la sencillez y el silencio que emanan del cuadro la rotundidad de la muchacha nos habla de su grandeza interior y su esmero en lo más pequeño.

Las Hilanderas. Velázquez

septiembre 19, 2008
Las Hilanderas

Las Hilanderas

Las Hilanderas. Diego Velázquez. Estilo Barroco. 1657.

La obra conocida popularmente como las Hilanderas, representa la Fábula de Aracne.

Este mito clásico recogido en las Metamorfosis de Ovidio nos cuenta cómo en la ciudad de Lidia había una joven llamada Aracne, que se jactaba de ser la mejor tejedora. Tal fue su orgullo que tuvo el valor de retar a la propia Minerva (Atenea en griego).

La diosa queriendo escarmentar a esta joven presuntuosa, acepta el reto y una vez finalizado la convierte en araña (aracne en griego) para que siga tejiendo el resto de su vida.

Velázquez nos muestra en el primer plano una escena costumbrista un taller de tapices de su época, donde una anciana a la izquierda y una joven de espaldas a la derecha, tejen con destreza. Asistentas las acompañan. En este primer plano observamos con realismo cómo debieron ser los talleres de la época y los utensilios usados, bien conocidos por Velázquez ,en su condición de Aposentador Real de palacio.

La anciana de la izquierda, se trata en realidad de la diosa Minerva quien para engañar a la presuntuosa Aracne, se ha metamorfoseado de humana, pero si nos fijamos bien, su pierna descubierta, que sigue la diagonal de la rueca nos da una pista de su identidad, se trata de alguien que se conserva en plena forma y no de una anciana.

Su contrapunto compositivo y cromático, es la joven Aracne a la derecha, equilibrando el cuadro.

El modelo para la postura de ambas figuras ha sido tomado de dos ignudis de Miguel Ángel, de la Capilla Sixtina.

Ignudis

Ignudis

Al fondo, se muestra el desenlace del suceso. La diosa Palas Atenea, con sus atributos característicos, levanta e brazo en ademán de castigar a la joven Aracne. Dos doncellas contemplan la escena, mientras que otra nos mira.

El tapiz que se muestra en el último plano representa el El Rapto de Europa, obra de Tiziano que Velázquez debió conocer bien, al encontrarse por aquel entonces en el palacio. El tema escogido del tapiz, también muestra la insolencia de la joven Lidia al decidirse por uno de los desvaríos de Zeus por una mortal.

Se ha querido interpretar el cuadro una advertencia dirigida a los que osan reblarse contra la autoridad real.

La atmósfera y el espacio están perfectamente sugeridos a través de las luces. La pintura se aplica de forma rápida a manchas, efecto que da la sensación de ser espectadores de un acontecimiento que está sucediendo, que no se ha paralizado.

La rueca de la anciana da la sensación de girar rápidamente. Este efecto óptico lo ha conseguido Velázquez al no cerrar la esfera completamente.

Rueca

Rueca

El cuadro originariamente era más reducido, pero tras el incendio del Alcázar en 1734 fue restaurado añadiéndole la franja superior en la que aparece un arco con un óculo muy del gusto dieciochesco y franjas también en los laterales.

Aún así, podemos apreciar la composición meditada por el pintor sevillano, con un tema eficazmente desarrollado a la manera de un poema conceptista y ese estilo seguro e inmediato, que tanto apasionó a los impresionistas.