Posts Tagged ‘clasicismo’

La Virgen de las uvas. Pierre Mignard.

junio 22, 2013

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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard. 1640. Museo del Louvre.

El pintor Pierre Mignard se hizo famoso por sus representaciones de la Virgen con el Niño, conformando en Francia una dulce tipología que sería repetida por sus sucesores.

Típico del barroco francés son el clasicismo, equilibrio y la idealización. El rostro de la Virgen posee una belleza serena que nos recuerda a las obras del gran pintor renacentista Rafael Sanzio. También la composición piramidal.

Es conocido que Mignard, como otros autores de la época viajó a Italia para perfeccionar su arte. Allí no sólo vería las obras de los grandes maestros clásicos del renacimiento, si no también de las corrientes de su época. Muestra de ello, podemos observar los contrastes entre sombras y luces, eso sí interpretados de una manera más francesa, es decir, equilibrada y sin dramatismo.

Al fondo un paisaje tenebroso medio cubierto por una cortina, en primer plano todo es equilibrio y armonía.

El Niño nos mira con delicadeza, bajo el fino velo de su Madre, símbolo de la pureza.

El azul del manto de la Virgen alude al Cielo, el rojo al amor. Las manzanas del pequeño bodegón de la izquierda podrían ser símbolo del Pecado Original y las uvas que la Virgen y el Niño toman en sus manos a la Eucaristía y el Sacrificio Redentor de Cristo.

Post dedicado a SDM 😉

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La Primavera. Botticelli.

abril 27, 2013

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La Primavera, 1482
Sandro Botticelli.
Galería de los Uffizi, Florencia.

En la Florencia de finales del Quatrocentto, fruto de las corrientes culturales y filosóficas un pintor nos deja una de las obras más bellas y famosas de la pintura Occidental.

La Primavera, es el reflejo del poema clásico de Ovidio Fastos, que retomado por el humanista Poliziano, habla de cómo según la mitología se desarrolla la génesis de la citada estación.

Debemos leerlo de derecha a izquierda.

El suave viento del Oeste Céfiro posee a la ninfa Cloris, transformándola en su esposa, convirtiéndola en la diosa Flora. Ésta aparece en el cuadro, con su vestido vaporoso y adornada con guirnaldas esparciendo las flores, en un jardín de ensueño.

Preside, en el centro, la diosa del Amor, Venus, con pose delicada, cabeza ladeada y coronada con un halo semicircular de luminosidad entre las ramas, recortándose su silueta sobre el fondo oscuro.

A su lado, las tres Gracias, símbolo de la armonía, danzan en círculo, con sus manos de finos dedos delicádamente entrelazadas. El tono oscuro del fondo y la rigidez vertical de los árboles, contrasta con el sutil flotar de las tres Gracias. Sus finos ropajes transparentes movidos al viento y pies de puntillas, evocan un ligero ritmo continuo y musical.

En el extremo del cuadro, junto a las Gracias y ensimismado en su labor, se encuentra el dios de la Guerra, Marte. Se le reconoce por su espada, sandalias y caduceo, con este último, dispersa unas nubes del jardín.

En la cúspide de la composición piramidal, aparece Cupido, con los ojos vendados, lanzando sus dardos.

La obra tiene diversas interpretaciones y su origen ha sido discutido. Recientemente, se piensa que fue encargada por Pierfrancesco de Medicis, sobrino de Lorenzo el Magnífico.

Botticelli, con su característico estilo, delicado y refinado, de dibujo armónico y  musical,  supo plasmar ese renacer del clasicismo y las corrientes neoplatónicas del Humanismo florentino del S. XV.

La Paz, la Belleza, el Amor, la Armonía son los ideales que presiden la composición.

Clío, Euterpe y Talía. Le Sueur.

junio 25, 2012

Clío, Euterpe y Talía

Clío, Euterpe y Talía.
Le Sueur 1640 – 1645.
Museo del Louvre París.

El pintor francés Eustache Le Sueur, es representante del clasicismo barroco francés.

En la Corte de Francia se había impuesto un arte idealizado, donde la medida, el gusto y refinamiento debía de estar a la altura de los grandes clásicos.

Para ello se crean las famosas academias, Le Seuer es uno de sus fundadores, desde allí se impartirían normas de conveniencia en el arte.

Las musas son en la mitología clásica, nueve , acompañan al dios Apolo del  “Ethos”,equilibrio y la armonía e inspiran a músicos y poetas.

Le Seuer en esta obra,pinta a tres de ellas, Clío, musa de la Historia, en una mano posee una tompeta y en otra un tomo de historia, a su izquierda Euterpe, musa de la música toca una flauta travesera y en primer plano, Talía, como símbolo de la poesía bucólica, pero también de la comedia, porta una máscara. Todas van corondas con laurel, símbolo del dios Apolo.

Los rostros de las jóvenes son muy similares, de perfil griego y elegancia clásica, parecen casi el mismo mostrado desde tres puntos distintos de vista.

La composición es triangular, equilibrada y serena.

El dibujo es líneal, la línea predomina sobre el color y se recorta sobre un fondo paisajístico idealizado  de verdes dorados y ocres, alusión al Olimpo de los dioses.

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. Claude Lorrain. 1648

mayo 2, 2012

Claudio de Lorena

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. 1648.
Claude Lorrain.
Galería Nacional de Londres.

Claude Gellée era su verdadero nombre, el pintor había nacido en Lorena y muy tempranamente había emigrado a Roma. De ahí su apelativo “Claudio de Lorena”.

Entusiasmado con el esplendor de la Antigüedad clásica, Lorrain recrea en sus paisajes ensoñadores y melancólicos, escenas históricas y mitológicas, grandiosas ruinas, y monumentos solemnes del momento, bañados por una luz suave que diluye y suaviza levemente los contornos.

Lorrain es considerado el primer gran paisajista. Hasta entonces no había tenido tanta importancia éste género por sí mismo. Se lo consideraba menor.

Nos encontramos ante un refulgente amanecer en un puerto de la antigüedad clásica, ruinas y edificios más o menos de la época del pintor, recrean de forma imaginativa y ensoñadora un paisaje idílico.

La luz emerge del fondo bañando sutilmente las nubes, el mar, incitándonos a mirar hacia el horizonte.

En las obras de Lorrain, las figuras se muestran en pequeña escala y como de forma anecdótica, éstas hacen referencia al título de la obra, pero el indiscutible protagonista es el paisaje, un paisaje donde la luz y el color transforman la pintura en poesía y lirismo.

Virgen del Prado. Rafael.

septiembre 12, 2011
Virgen del Prado
Virgen del Prado

Virgen del Prado, 1505-1506
Rafael Sanzio
Kunsthistorisches Museum, Viena

La Virgen de Prado es una hermosa obra del período florentino del gran Rafael Sanzio.

Una vez desprendido de los convencionalismos de su maestro, Perugino, aquí vemos cómo el pintor ha logrado alcanzar un estilo propio, lleno de equilibrio y armonía que será uno de los grandes hitos del clasicismo en la Historia del Arte.

Las figuras se encuentran ubicadas compositivamente en un triángulo imaginario cuya cúspide es la cabeza de la Virgen. La belleza de este rostro reside en su equilibrio, proporción y dulzura, características propias de las Madonnas de Rafael.

El Niño Jesús, en contraposto y levemente inclinado sobre el regazo de su Madre, toma la Cruz que le ofrece su primo, San Juan Bautista Niño. Ambos se miran, mientras la Virgen medita en silencio observando la Cruz. Su vestido rojo, es símbolo de la Pasión, así como las amapolas que la acompañan. El manto azul nos la identifica como Reina de los Cielos.

Una luz diáfana baña el cuadro y entre ocres y azulados se equilibran los tonos; al fondo finas veladuras de inspiración leonardesca alejan el paisaje en último plano.

Rafael culmina el clasicismo sereno de belleza apolínea, de dulces líneas, equilibrio y armonía. Tras él llegará el grandioso Miguel Ángel cuya obra palpitará grandiosa como un torrente de vitalidad.

Sin duda, Rafael, Miguel Ángel junto con el gran Leonardo da Vinci son las cimas del Renacimiento italiano, del que tantas veces beberán las generaciones posteriores.