Posts Tagged ‘Barroco’

El Conde Duque de Olivares a caballo

marzo 5, 2014

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El Conde Duque de Olivares a caballo. 1634. Diego Velázquez. Museo del Prado.

Don Gaspar Guzmán y Pimentel, conde duque de Olivares y valido del rey, nos mira orgulloso sabedor de su poder en la España de Felipe IV.

Como no podía ser de otra manera, se hace retratar orgulloso y altivo, cual césar romano a caballo y en corveta.

Su diagonal barroca domina el cuadro y su penetrante mirada detiene el tiempo.

En el fulgor de la batalla,  donde  el humo aún a lo lejos se divisa, los bravos  nubarrones en ciernes o la bravura del caballo no atemorizan al conde duque, quien con su frío autocontrol, sosiega toda convulsión.

La genialidad de Diego de Silva Velázquez se hace patente en esa captación psicológica unida a una maestría técnica sin igual,  obra de pincelada brillante y rápida, riqueza cromática y perfecto dominio de las texturas.

La luz y la sombra de la España Barroca donde al compás del ocaso de un gran Imperio, la genialidad del arte del momento trasciende y brilla con luz propia.

La Virgen de las uvas. Pierre Mignard.

junio 22, 2013

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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard. 1640. Museo del Louvre.

El pintor Pierre Mignard se hizo famoso por sus representaciones de la Virgen con el Niño, conformando en Francia una dulce tipología que sería repetida por sus sucesores.

Típico del barroco francés son el clasicismo, equilibrio y la idealización. El rostro de la Virgen posee una belleza serena que nos recuerda a las obras del gran pintor renacentista Rafael Sanzio. También la composición piramidal.

Es conocido que Mignard, como otros autores de la época viajó a Italia para perfeccionar su arte. Allí no sólo vería las obras de los grandes maestros clásicos del renacimiento, si no también de las corrientes de su época. Muestra de ello, podemos observar los contrastes entre sombras y luces, eso sí interpretados de una manera más francesa, es decir, equilibrada y sin dramatismo.

Al fondo un paisaje tenebroso medio cubierto por una cortina, en primer plano todo es equilibrio y armonía.

El Niño nos mira con delicadeza, bajo el fino velo de su Madre, símbolo de la pureza.

El azul del manto de la Virgen alude al Cielo, el rojo al amor. Las manzanas del pequeño bodegón de la izquierda podrían ser símbolo del Pecado Original y las uvas que la Virgen y el Niño toman en sus manos a la Eucaristía y el Sacrificio Redentor de Cristo.

Post dedicado a SDM 😉

Clío, Euterpe y Talía. Le Sueur.

junio 25, 2012

Clío, Euterpe y Talía

Clío, Euterpe y Talía.
Le Sueur 1640 – 1645.
Museo del Louvre París.

El pintor francés Eustache Le Sueur, es representante del clasicismo barroco francés.

En la Corte de Francia se había impuesto un arte idealizado, donde la medida, el gusto y refinamiento debía de estar a la altura de los grandes clásicos.

Para ello se crean las famosas academias, Le Seuer es uno de sus fundadores, desde allí se impartirían normas de conveniencia en el arte.

Las musas son en la mitología clásica, nueve , acompañan al dios Apolo del  “Ethos”,equilibrio y la armonía e inspiran a músicos y poetas.

Le Seuer en esta obra,pinta a tres de ellas, Clío, musa de la Historia, en una mano posee una tompeta y en otra un tomo de historia, a su izquierda Euterpe, musa de la música toca una flauta travesera y en primer plano, Talía, como símbolo de la poesía bucólica, pero también de la comedia, porta una máscara. Todas van corondas con laurel, símbolo del dios Apolo.

Los rostros de las jóvenes son muy similares, de perfil griego y elegancia clásica, parecen casi el mismo mostrado desde tres puntos distintos de vista.

La composición es triangular, equilibrada y serena.

El dibujo es líneal, la línea predomina sobre el color y se recorta sobre un fondo paisajístico idealizado  de verdes dorados y ocres, alusión al Olimpo de los dioses.

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. Claude Lorrain. 1648

mayo 2, 2012

Claudio de Lorena

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. 1648.
Claude Lorrain.
Galería Nacional de Londres.

Claude Gellée era su verdadero nombre, el pintor había nacido en Lorena y muy tempranamente había emigrado a Roma. De ahí su apelativo “Claudio de Lorena”.

Entusiasmado con el esplendor de la Antigüedad clásica, Lorrain recrea en sus paisajes ensoñadores y melancólicos, escenas históricas y mitológicas, grandiosas ruinas, y monumentos solemnes del momento, bañados por una luz suave que diluye y suaviza levemente los contornos.

Lorrain es considerado el primer gran paisajista. Hasta entonces no había tenido tanta importancia éste género por sí mismo. Se lo consideraba menor.

Nos encontramos ante un refulgente amanecer en un puerto de la antigüedad clásica, ruinas y edificios más o menos de la época del pintor, recrean de forma imaginativa y ensoñadora un paisaje idílico.

La luz emerge del fondo bañando sutilmente las nubes, el mar, incitándonos a mirar hacia el horizonte.

En las obras de Lorrain, las figuras se muestran en pequeña escala y como de forma anecdótica, éstas hacen referencia al título de la obra, pero el indiscutible protagonista es el paisaje, un paisaje donde la luz y el color transforman la pintura en poesía y lirismo.

La Adoración de los Pastores. Murillo

diciembre 29, 2011
Adoración de los pastores
Adoración de los pastores

La Adoración de los Pastores. 1650-1655.
Bartolomé Esteban Murillo.
Museo del Prado.

Una luz brilla entre la oscuridad de la noche. El Niño Jesús ha nacido en un pobre pesebre.

Según nos cuenta el Evangelio de San Lucas, unos pastores fueron a adorarle.

En las obras de Murillo, la humanidad se hace presente.

Una vez más, lo celestial ha bajado a la tierra, pero de manera silenciosa; no busquemos en el cuadro destellos refulgentes de halos de santidad, o ricas joyas y tejidos suntuosos.

El realismo del barroco sevillano y el tenebrismo caravaggesco son propios de la época.

Se presenta la realidad tal y como es, sin más idealización que la belleza del hecho causante.

La Virgen María es una joven de rostro dulce, la luz que emana del Niño baña su rostro e ilumina parte del pesebre.

Los pastores con sus pobres ropas harapientas, recogimiento y sencillez son retratados de forma naturalista, como modelo ejemplar de actitud en la vida.

Las tres edades del hombre juventud, madurez y ancianidad, adoran al Niño .

Nadie mejor que Murillo con su estilo sencillo y humilde par reflejar el Misterio de la Natividad.

Crucificado de Velázquez

agosto 30, 2011
Crucificado de Velázquez
Crucificado de Velázquez

Cristo crucificado. Diego Velázquez.
Hacia 1632.
Museo del Prado

Silencio y recogimiento ante el dolor contenido del Crucificado de Velázquez.

Es ello lo que transmite esta obra maestra del célebre pintor sevillano.

Frente al dramatismo y la retórica de otros cuadros Barrocos, al éxtasis y la pasión desbordante, Velázquez nos muestra un crucificado de cuerpo atlético y serenidad apolínea.

Desprendido del envoltorio engañoso, de la retórica dramática barroco o el ardor apasionado de los cuadros religiosos de la Contrarreforma, con pocas marcas de dolor y sufrimiento, el Crucificado calla dignamente en el silencio del Misterio.

Fuera de espacio y tiempo, sobre  fondo oscuro su imagen nos llega directamente con más intensidad. Un halo de luz mística lo envuelve, mostrando a Cristo como luz entre las tinieblas de la vida.

Sus brazos se extienden a la  humanidad. Su cabeza levemente se inclina levemente hacia nuestra izquierda y cae en escorzo hacia delante.

Por influencia de su suegro el pintor y tratadista, Pacheco, Velázquez retoma la representación de los cuatro clavos con que fue crucificado en vez de tres como se venía haciendo en los últimos años.

Según la leyenda, el rey Felipe IV sería el donante de este cuadro como arrepentimiento de sus amoríos ilícitos. Se trataría de un cuadro que incitara a la oración profunda. Al pie de la cruz, quedarían las penas.

Si fuera así, Velázquez supo plasmar un Cristo humilde y sencillo no justiciero si no compasivo, dispuesto a la escucha serena. Es en esta calma sobrenatural donde reside toda la grandeza potencial y trascendente de la obra.

La lechera. Vermeer

agosto 26, 2010
La lechera

La lechera

La lechera. Vermeer. 1658-1660 Rijksmuseum de Amsterdam.

Una muchacha vierte leche en un cuenco en un interior bañado por una luz apacible.

La leche fluye lentamente, pero el tiempo se detiene al observar el cuadro. De él emana una serenidad atemporal y un silencioso lirismo, dos hermosas cualidades del maestro holandés Johannes Vermeer.

Se trata de una escena de género, un retrato de una sirvienta y un bodegón exquisito.

Es un interior humilde, así como el gesto sumiso de la doncella, quien concentrada inclina la cabeza como aceptando su labor con agrado. La pared desconchada, un cristal de la ventana roto.

La luz confiere profundidad, entra por la izquierda y baña la habitación con un fino velo creando un ambiente intimista y delicado.

La paleta es la típica de Vermeer, amarillo limón opuesto a azul cobalto. Tonos grises, azulados y blanco matizan y templan el conjunto.

Se observa el dominio en las texturas, el contraste entre los utensilios colgados y los de la mesa.

En el suelo un pequeño calentador de pies se encuentra junto a un zócalo de azulejos de color blanco y azul que nos recuerda a la famosa porcelana de Delft.

Vermeer utiliza una técnica llamada “pointillé” , a través de pequeños puntos de color luminosos para conseguir el efecto vibrante que observamos por ejemplo en el pan.

La pincelada es segura y a manchas. Influiría en los bodegones del francés Chardin. Las obras de Vermeer también serían muy apreciadas por los Impresionistas.

Mientras otros cuadros del autor servían como críticas a la mujer negligente aquí  hace un elogio  a la virtud de la joven, a la laboriosidad callada.

Frente a la sencillez y el silencio que emanan del cuadro la rotundidad de la muchacha nos habla de su grandeza interior y su esmero en lo más pequeño.

La crucifixión de san Pedro. Caravaggio

agosto 9, 2010
La crucifixión de San Pedro

La crucifixión de San Pedro

La crucifixión de San Pedro. Caravaggio. 1601.
Iglesia de Sta. María del Popolo de Roma.

La Crucifixión de San Pedro, del pintor barroco Michelangelo Caravaggio es una de las cumbres del barroco italiano.

Según la tradición, San Pedro fue crucificado cabeza abajo, al no considerar digno morir del mismo modo que su Señor.

Caravaggio nos muestra la escena con gran dramatismo.

Tres verdugos, de rostro anónimo realizan un gran esfuerzo para dar martirio al santo. San Pedro es representado como un anciano de cuerpo atlético y gran fuerza. Su mirada serena se dirige  hacia el Crucifijo que había en la Iglesia.

A los pies del santo, unas cuantas piedras nos recuerdan el mensaje de la obra. 
Cristo dijo a San Pedro, “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. La solidez  de la piedra y la fuerza espiritual del santo, como pilar de la Iglesia son relacionados.

Los esbirros romanos tiran con fuerza, hacen palanca, se observa el trabajo, pero a la vez la vulgaridad con la que el pintor nos los quiere mostrar. El escorzo del trasero en primer plano del que está agachado, los pies sucios, las arrugas en el rostro del personaje de la izquierda, la cintura del que tira y los viejos ropajes son algunas muestras de ello.

La composición se efectúa a través de dos diagonales en aspa, que confieren gran tensión y fuerza expansiva; una de izquierda a derecha mostrada con la cruz de la que emana la luz y otra hacia arriba desde del ángulo inferior izquierdo hacia el superior derecho.

El fondo no  interesa se ha dejado en penumbra, los verdugos tampoco, se han despersonalizado. 

Los colores cálidos dominan el cuadro. El estilo tenebrista de luces y claros contrastados redunda en el dramatismo, el espectador presencia el momento.

Virgen de la servilleta. Murillo. 1666

septiembre 22, 2009
Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta

Virgen de la servilleta. Murillo, Bartolomé Esteban. 1666. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

Esta Virgen con el Niño, es realizada por Murillo para el retablo del Convento de los Capuchinos de Sevilla.
Según la leyenda un hermano lego del convento se dió cuenta un día de que faltaba una servilleta y Murillo se la devolvió con la imagen de la Virgen con el Niño pintada, otra versión nos cuenta cómo la pintó en agradecimiento a la Orden que tan bien le había acogido el tiempo que permaneció trabajando en el convento. 

La leyenda forjada durante el Romanticismo ha dado nombre al cuadro desde el S. XIX, cuando los cuadros de Murillo se encontraban altamente valorados. Pero la obra fue pintada en realidad sobre lienzo.

La forma de presentarnos a la Virgen con el Niño, es cercana e intimista. Siguiendo los pasos de la Contrarreforma, los santos, han bajado del Cielo a la Tierra. Sevilla atravesaba durante el S. XVII una crisis económica profunda, la pobreza y miseria se hacían patentes en las calles, donde mendigos y pilluelos buscaban sustento.

En una ciudad netamente mariana, que abogaba por el dogma de la Inmaculada, era muy común la figura de la Virgen como Madre y mediadora . La dulzura e intimismo con el que la representa Murillo, son una de las claves de la popularidad del pintor.

Influido por las corrientes tenebristas del barroco italiano propio de Caravaggio, las figuras se muestran sobre fondo oscuro. Esta vez se trata de un fondo neutro, que no distraiga nuestra atención. La afabilidad y humildad con que son presentados los personajes hacen más entrañable la pintura; visten de forma sencilla, su belleza es natural y típicamente sevillana, no llevan el típico halo sagrado, pero  las figuras envueltas de luz resaltan en él como si nos encontráramos ante una visión celestial.

La comunicación con el espectador es uno de las cualidades más atrayentes de la obra. El espectador toma parte en el cuadro, la Virgen nos muestra al Niño y el Niño quiere salir del cuadro y acompañarnos, su tierna mirada se para en nosotros.

In Ictu Oculi. Valdés Leal. 1671

noviembre 1, 2008
In Ictu Oculi

In Ictu Oculi

In Ictu Ouli. Juan de Valdés Leal. 1671. Iglesia del Hospital de la Caridad, Sevilla. Estilo Barroco.

Un terrible esqueleto portando guadaña y ataúd pisotea un globo terráqueo, sedas, joyas, armas, libros mientras con la diestra apaga una vela. Sobre ésta, el letrero “IN ICTU OCULI”.

¿De qué se trata este asunto? ¿A qué viene tanto horror para un cuadro de una Iglesia de un Hospital? (more…)