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Cuando partas hacia Ítaca

marzo 12, 2009

 

azul

Cuando partas hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Ítacas.

(Konstantinos Kavafis)


 

 

La Anunciación. Fra Angélico

septiembre 9, 2008
La Anunciación

La Anunciación

La Anunciación. 1431-1435 Fra Angelico. Inicios Renacimiento.

Esta obra fue realizada por el fraile dominico Guido di Pietro, más conocido como Fra Angélico para el convento de Fiésole.

La imagen que mostramos es la tabla principal de la “Pala del Prado”. Dicha pala se compone también de una “predella” o parte inferior compuesta por cinco tablillas también pintadas por el maestro.

Representa la escena de la Anunciación. El momento en el que el arcángel San Gabriel, (etimológicamente “mensajero de Dios”) anuncia a la Virgen que va a ser madre del Hijo de Dios.

La Virgen acepta con humildad tan imponente misión fiándose de los planes divinos.

La composición se divide en dos partes, se trata de dos escenas que se complementan simbólicamente.

A la izquierda Adán y Eva son expulsados del Paraíso por el ángel del Señor tras haber pecado y comido del árbol prohibido. Se piensa que esta parte fue realizada en colaboración con otro artista de su escuela

A la derecha la humanidad va a ser redimida a través del sacrificio del Niño que va a nacer.

Ambas escenas están unidas por el rayo de luz que penetra en la pequeña loggia de estilo renacentista en la que se encuentran los personajes principales.

Si observamos con cuidado el rayo nos daremos cuenta de que del sol sale una mano, es la mano de Dios, quien envía en realidad el Espíritu Santo, representado como paloma blanca. La diagonal de luz termina en el rostro de la Virgen, la verdadera protagonista del cuadro.

Estilísticamente, Fra Angélico se mueve entre el último Gótico, refinado y elegante, de colores serenos y dorados y el primer Renacimiento, con sus avances en la representación de la perspectiva y la realidad.

El dibujo preciso domina los contornos. La pintura se ha sometido plenamente a él..

Las líneas curvas de las figuras centrales contrastan con la verticalidad de las finas columnas. En el pórtico se observa la influencia del gran escultor del Quattrocentto Brunelleschi. Es una arquitectura clásica, de arcos de medio punto, tondos esculpidos, grutesco… Domina la perspectiva, el equilibrio y el orden.

El ángel y la Virgen son representados con suma delicadeza, los gestos transmiten serenidad y paz interior. Los volúmenes de las figuras así como el color de los ricos ropajes se complementan de forma armónica, como si de una melodía de suave equilibrio se tratara, dotando al cuadro de un estilizado misticismo.

Apolo y Dafne. Gianlorenzo Bernini

septiembre 8, 2008

Apolo y Dafne

Apolo y Dafne

Apolo y Dafne. Gianlorenzo Bernini.

Primera mitad S. XVII. Estilo Barroco.
El dios Apolo, es representante del equilibrio, el orden y la mesura, pero esta vez el pequeño Cupido le ha jugardo una mala pasada. Herido por una flecha de éste, queda prendado de la ninfa Dafne, cuyo nombre en griego significa Laurel. La ninfa sin embargo, ha sido herida por un dardo de plomo, rechazando por ello el amor del dios.

La escultura muestra el momento en el que el dios Apolo alcanza en su persecución a la ninfa y ésta encomendándose a su padre el dios-río Peneo es transformada en laurel. Apolo se hará una corona con la hojarasca convirtiéndose a partir de entonces en su atributo característico.

Bernini capta el momento más enfático del acontecimiento. El terror de la ninfa queda reflejado en su rostro, su boca semiabierta parece gritar, sus brazos elevados remarcan la diagonal barroca culminando en las manos convertidas en hojas.

Nunca podremos ver las esculturas en su plenitud, tenemos diversos planos, no se trata de un arte frontal, pero en este caso queda aún más remarcado ese carácter antifrontal. En esta toma en concreto podemos apreciar como el cuerpo de Dafne gira, vemos de frente los pies, el torso de perfil, mientras, el rostro se vuelve hacia nosotros.

Bernini juega también con los contrastes, la suavidad del cuerpo de los jóvenes en un mármol perfectamente pulido frente a la rugosidad de la hojarasca o el ensortijado cabello.

Estamos siendo partícipes de un momento fugaz, frente a la estaticidad monumental de la época clásica, aquí se hace un canto al momento, a la esencia, a la experiencia discontinua. El tema es la metamorfosis, el cambio el ser y dejar de ser.

El Barroco prefirió el dramatismo a la serenidad, el movimiento frente a la calma, la fuerza vital de un instante fugaz.