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El guitarrista ciego. Pablo Picasso.

agosto 30, 2011
El guitarrista ciego
El guitarrista ciego

El guitarrista ciego. Pablo Picasso
1903. Chicago Art Institute.

Esta obra pertenece al período azul de Picasso. En él retrata con melancolía y expresividad mendigos y personas sencillas denunciando la situación de pobreza y miseria de su época.

A lo mejor cuando lo observamos pensamos, “pues tiene el cuello muy largo, o la figura es algo plana, la contorsión es algo extremista…” pero quizás de una forma más real no hubiera sido capaz de mostrar con más sentimiento y melancolía al anciano guitarrista, la hambruna, la soledad,  y a pesar de todo la poesía con la que a pesar de su fragilidad toca esa guitarra de líneas onduladas.

El color azul domina el cuadro, se trata de un color frío, como fría y monócroma es la situación del vulnerable mendigo. La cabeza  cae hacia abajo enmarcando con ella horizontalmente el cuadro como enmarcada se encuentra la perspectiva de su vida frágil y vulnerable.

Nuestros ojos se dirigen a la diagonal de la guitarra, es la que pone la única nota de color. Tal vez porque sea su esperanza de ganarse la vida a través de ella o tal vez la música, el arte en sí como remedio a sus penas.

Crucificado de Velázquez

agosto 30, 2011
Crucificado de Velázquez
Crucificado de Velázquez

Cristo crucificado. Diego Velázquez.
Hacia 1632.
Museo del Prado

Silencio y recogimiento ante el dolor contenido del Crucificado de Velázquez.

Es ello lo que transmite esta obra maestra del célebre pintor sevillano.

Frente al dramatismo y la retórica de otros cuadros Barrocos, al éxtasis y la pasión desbordante, Velázquez nos muestra un crucificado de cuerpo atlético y serenidad apolínea.

Desprendido del envoltorio engañoso, de la retórica dramática barroco o el ardor apasionado de los cuadros religiosos de la Contrarreforma, con pocas marcas de dolor y sufrimiento, el Crucificado calla dignamente en el silencio del Misterio.

Fuera de espacio y tiempo, sobre  fondo oscuro su imagen nos llega directamente con más intensidad. Un halo de luz mística lo envuelve, mostrando a Cristo como luz entre las tinieblas de la vida.

Sus brazos se extienden a la  humanidad. Su cabeza levemente se inclina levemente hacia nuestra izquierda y cae en escorzo hacia delante.

Por influencia de su suegro el pintor y tratadista, Pacheco, Velázquez retoma la representación de los cuatro clavos con que fue crucificado en vez de tres como se venía haciendo en los últimos años.

Según la leyenda, el rey Felipe IV sería el donante de este cuadro como arrepentimiento de sus amoríos ilícitos. Se trataría de un cuadro que incitara a la oración profunda. Al pie de la cruz, quedarían las penas.

Si fuera así, Velázquez supo plasmar un Cristo humilde y sencillo no justiciero si no compasivo, dispuesto a la escucha serena. Es en esta calma sobrenatural donde reside toda la grandeza potencial y trascendente de la obra.