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La escuela de Atenas. Rafael

julio 20, 2010
La Escuela de atenas

La Escuela de atenas

La Escuela de Atenas. Rafael Sanzio.1510-1511.

En la Stanza de la Segnatura del Vaticano se encuentra uno de los frescos más impresionantes del Renacimiento italiano. Fruto del pensamiento humanista de la época el hombre ideal del Renacimiento debía aspirar a un saber universal que comprendía las más diversas materias, guiándose siempre por los principios de la razón y de la fe.

El Papa Julio II encarga a Rafael esta obra para decorar una de las paredes de las estancias del Vaticano. El motivo es la filosofía. Presiden los célebres filósofos tan apreciados por los Humanistas.

Se ubican en una arquitectura de grandeza y solemnidad clásica al estilo romano que venía siendo interpretado por Bramante, se trata de “el Templo de la Sabiduría.” La luz del conocimiento se cuela entre bóvedas de casetones y arcos de medio punto .

La perspectiva tiene una gran importancia. Es la red que teje la composición. En el punto de fuga, donde convergen todas las líneas,  se encuentran los dos filósofos cumbre en la cimentación del pensamiento occidental.

Platón a la izquierda, con una mano sosteniendo su obra El Timeo y con la otra señalando hacia el cielo, hacia “el Mundo de las Ideas” y  Aristóteles a la derecha portando su Ética para Nicómaco mientras que con la otra mano señala la tierra, “la realidad material”. Platón posee los rasgos de Leonardo da Vinci, quien ya era muy apreciado en su época.

Dejando estos dos personajes, los demás se reparten en grupo, dialogan entre ellos, escuchan, aprenden.

A la izquierda de verde y de perfil vemos a Sócrates, enumerando con sus dedos. Le escucha atento un joven armado que se ha venido a interpretar como Alejandro Magno. Junto a él, Jenofonte de azul y verde, el historiador y militar  se distrae pensando en sus próximas campañas.

Más abajo coronado con pámpanos vemos a Epicuro.

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Pitágoras se encuentra en primer plano a la izquierda, absorto en su escritura, un discípulo le sostiene la pizarra. Averroes, el filósofo de la Al Ándaluz medieval se asoma interesado. Su tez morena y ropaje oriental nos identifica al personaje.

Hipatia de Alejandría, filósofa neoplatónica nos mira envuelta en su túnica blanca.

En medio de la composición aparece “el oscuro de Éfeso”, Heráclito, con los rasgos del escultor Miguel Ángel, muy apreciado por Rafael.

El anciano de azul echado sobre la escalinata es Diógenes, su postura y aislamiento delatan al fundador de la Escuela de los Cínicos, quien buscaba una vida carente de lujos y comodidades. Según la tradición vivía en una tinaja en la más extrema pobreza, apreciando lo elemental de la Naturaleza.

En el grupo de la derecha, Euclides enseña Geometría, Ptolomeo y Zoroastro, sostienen el globo terráqueo y el joven de gorro negro que nos mira directamente es Rafael. El propio pintor también quiere ser partícipe en el conocimiento y se retrata junto a su  maestro Perugino.

Los cuatro peldaños del templo, podrían simbolizar las cuatro “Artes liberales” que formaban el “quadrivium”: La Aritmética, la Geometría, la Astronomía y la Música.

Como es propio de la pintura renacentista, el dibujo domina al color. Los volúmenes se contraponen y equilibran. Los tonos fríos se templan con los cálidos.

El templo del Saber queda presidido como vemos por las esculturas de Apolo a la izquierda y Minerva a la derecha. El dios de la razón, el equilibrio y la armonía, junto a la diosa de la Sabiduría e Inteligencia.

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El escriba sentado

julio 8, 2010
El escriba sentado

El escriba sentado

El escriba sentado.  2620-2500 a.C. Egipto. Imperio Antiguo. IV Dinastía.
Museo del Louvre, procedente de Saqqarah.

Esta escultura de bulto redondo, representa a una de las figuras más destacadas  del Egipto faraónico.

Se trata de un escriba, es decir, un funcionario de la administración y burocracia faraónica.

Los escribas tenían un gran prestigio en el antiguo Egipto. Eran los encargados de anotar, contabilizar, documentar, interpretar y dejar constancia de la vida diaria de la sociedad. A pesar de ello, no sabemos más acerca de la identidad de este personaje en concreto.

Está realizada en piedra caliza y policromada en color ocre.

Es una escultura sedente sobre una base semicircular. Se observa la clásica rotundidad y fuerza de las esculturas egipcias. Con la mano izquierda sostiene el papiro y con la derecha imaginamos que en su origen poseería una caña de junco afilada para escribir.

Los labios son finos, la mirada penetrante. Los ojos han sido realizados con incrustaciones de alabastro y cristal de roca bien pulido perfilados al gusto imperante.

Los pliegues de la barriga y la incipiente obesidad hacen de la escultura una obra realista. No obstante, la figura se presenta erguida, con el torso y el cuello bien firmes con una pose digna, realizando su oficio con orgullo, sabiéndose custodiador de una de las culturas más importantes de la Antigüedad.