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La gran Ola de Kanagawa. Hokusai.

junio 21, 2009
La gran ola de Kanawa

La gran ola de Kanagawa

La gran Ola de Kanagawa. Hokusai. 1830 -1832.  Grabado en madera

La gran Ola de Kanagawa forma parte de una serie de treinta y seis vistas del Monte Fuji, realizado a principios de la década de los treinta por el artista japonés Katsushika Hokusai.

Este en concreto es el grabado más conocido y ha sido ampliamente reproducido, encontrándose diversas versiones en distintos museos, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York,  Museo Victoria Alberto de Londres, Museo Británico, etc.

Hokusai inicia su carrera pictórica aprendiendo los motivos tradicionales de los Ukiyoe o “Pinturas Flotantes” se trataba de grabados realizados con gran rápidez y comercializables a buen precio.  En los inicios estos grabados representaban motivos del teatro japonés, guerreros samurais, cortesanas… en una siguiente etapa aparecerá también en ellos el paisaje. Éste es entendido más que como “representación” como estado del alma, ya que para la mentalidad japonesa, la naturaleza forma parte de nosotros mismos, a veces sobrecogedora, otras dominada por el hombre en sus labores domésticas…

El Monte Fuji con sus 3776 metros de altitud es el monte sagrado por excelencia de Japón. El pico más alto de la Isla al cuál se le atribuían leyendas relacionadas con el elixir de la inmortalidad.

Hokusay homenajea con esta serie de grabados el más poderoso símbolo del Japón.

La gran ola domina el primer plano, su vitalismo y fuerza contrasta con el sereno hueco que forma y desde el cuál, como por casaualidad se vislumbra el Monte Fuji, con su cima cubierta de nieve.

La gran ola se arremolina en espiral y parece terminar en garras, como las del mítico dragón japonés.

Los motivos principales se encuentran bien delineados con firme trazo negro.

Las líneas curvas de la ola se compensan con las rectas de la barca, la furia del mar con la serenidad inmutable del Monte Fuji o con la experiencia de los pescadores quse se esmeran en su labor.

El redescubierto azul de Berlín contrasta con su opuesto el anaranjado del cielo.

Las fuerzas del Ying y el Yang se hacen patentes.

La vitalidad de la obra, la manera de tratar el tema, el colorido vibrante y los contrastes entre planos no dejarían impasibles a los pintores occidentales, apreciándose una gran influencia en los Impresionistas.

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