Archive for 11 octubre 2008

La Sibila de Delfos. Miguel Ángel. Capilla Sixtina

octubre 11, 2008
Sibila de Delfos

Sibila de Delfos

La Sibila de Delfos. Fresco bóveda Capilla Sixtina. Miguel Ángel. 1509.

Las sibilas eran profestisas de la antigüedad grecolatina. Con sus poderes adivinatorios, podían vislumbrar el futuro, emitiendo apreciados oráculos bajo la inspiración de Apolo.

Fueron famosos los santuarios de Cumas, Eritrea o Delfos.

La tradición clásica asoció estos personajes a los profetas, cuya misión última fue la de anunciar la inminente venida de Cristo.

En la Italia del Renacimiento, siguiendo las corrientes neoplatónicas de la época, se intenta fundir la tradición clásica con el legado cristiano.

El Papa Julio II encarga a Miguel Ángel pintar el techo y la pared frontal de la Capilla Sixtina. Miguel Ángel no considera el encargo muy adecuado para él. Se siente sobre todo escultor, como revela el estilo tridimensional de sus pinturas. No obstante realiza una de las obras de arte más impresionantes de la Humanidad.

En la pared frontal de la Capilla pinta el Juicio Final. En el techo pinta escenas bíblicas que representan la Creación, junto a cinco profetas y cinco sibilas sobre tronos de mármol.

Ésta en concreto es la sibila de Delfos. Llena de energía y fuerza vital, la monumental figura, gira su torso hacia nosotros y pierde su mirada en el infinito como intuyendo la próxima venida del Salvador.

Frente a nosotros quedan en plano frontal su cara, codo y pie en perfecto escorzo. En su mano izquierda mantiene el pergamino en el que va a escribir o ha escrito ya su visión.

El efecto de profundidad ha sido eficazmente conseguido. La sibila parece salirse del plano.

Debajo de ella aparece su nombre en latín “delphica”. Detrás amorcillos en perspectiva ayudan a crear el efecto de profundidad.

La sibila viste a la usanza clásica. Se había criticado al pintor el no saber representar mujeres, le era más fácil a su estilo pletórico de cuerpos atléticos y musculosos la representación de figuras masculinas, siendo menos sensible su estilo a la estética femenina. A pesar de ello esta sibila, es de gran elegancia y belleza inigualable.

El dibujo domina sobre el color, éste queda subordinado a la línea. La energía y vitalidad anticipan la pasión del Manierismo. El movimiento y la fuerza vital características del estilo de Miguel Ángel se hacen patentes.

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El columpio. Pierre-Auguste Renoir

octubre 1, 2008
El columpio

El columpio

El columpio. Pierre-Auguste Renoir 1876. Impresionismo. Museo D’Orsay

Un exterior radiante de luz donde unos personajes conversan relajadamente con naturalidad.

Más que un tema de solemne inmutabilidad, lo que importa a los impresionistas es la sensación. Para ello la luz y el color juegan el papel principal.

Los volúmenes no se delimitan, las formas no se encierran, si no que fluyen bajo una luz que vibra, las pinturas impresionistas tienden hacia la expansión. Somos espectadores fugaces que de manera casual, vemos un recorte de la escena, los personajes no posan para nosotros. Uno se encuentra de espaldas, la niña casi se sale del cuadro. Las copas de los árboles quedan sólo sugeridas.

La composición vertical queda ausente de frialdad gracias a la pincelada a manchas y la armoniosa combinación de tonos.

Las sombras han dejado de ser negras o grisáceas, se opta por los tonos azulados y lilas.

Los colores fríos y calientes se contraponen. El blanco refleja todos los colores del cuadro. Nuestra pupila mezcla las manchas de color y nos sugiere la ensoñación espontánea, de un momento fugaz donde se hace un canto a la belleza natural y la alegría de vivir.