El Conde Duque de Olivares a caballo

marzo 5, 2014

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El Conde Duque de Olivares a caballo. 1634. Diego Velázquez. Museo del Prado.

Don Gaspar Guzmán y Pimentel, conde duque de Olivares y valido del rey, nos mira orgulloso sabedor de su poder en la España de Felipe IV.

Como no podía ser de otra manera, se hace retratar orgulloso y altivo, cual césar romano a caballo y en corveta.

Su diagonal barroca domina el cuadro y su penetrante mirada detiene el tiempo.

En el fulgor de la batalla,  donde  el humo aún a lo lejos se divisa, los bravos  nubarrones en ciernes o la bravura del caballo no atemorizan al conde duque, quien con su frío autocontrol, sosiega toda convulsión.

La genialidad de Diego de Silva Velázquez se hace patente en esa captación psicológica unida a una maestría técnica sin igual,  obra de pincelada brillante y rápida, riqueza cromática y perfecto dominio de las texturas.

La luz y la sombra de la España Barroca donde al compás del ocaso de un gran Imperio, la genialidad del arte del momento trasciende y brilla con luz propia.

Tormenta de nieve. Turner

noviembre 13, 2013

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Tormenta de nieve. 1842. J. M William Turner
Tate Gallery. Londres.

Agitación febril, movimiento, fuerza desgarradora.

La naturaleza en toda su cruda realidad, en medio, un barco a la deriva. Un pintor romántico en su visión más violenta y vibrante de la inmensidad.

Dicen que el pintor se ató al mástil del barco para presenciar vivamente la tormenta

Pensamos: ¿paisaje? ¿abstracción? ¿expresionismo?¿realidad? Realmente moderno para su época.

Las toscas y empastadas pinceladas realzan el instante, los contrastes entre luces resplandecientes y tonos ocres se mezclan en nuestra retina y nos confunden. El punto focal se ha girado, no vemos el horizonte, tan sólo intuimos y reordenamos con nuestra imaginación.

La pintura se expande hacia el exterior desde el centro y las olas nos golpean arrollando nuestro mirar.

Con todo, una espléndida obra del inglés William Turner ejemplo del sentimiento romántico del S. XIX de los sublime.

La Virgen de las uvas. Pierre Mignard.

junio 22, 2013

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La Virgen de las uvas. Pierre Mignard. 1640. Museo del Louvre.

El pintor Pierre Mignard se hizo famoso por sus representaciones de la Virgen con el Niño, conformando en Francia una dulce tipología que sería repetida por sus sucesores.

Típico del barroco francés son el clasicismo, equilibrio y la idealización. El rostro de la Virgen posee una belleza serena que nos recuerda a las obras del gran pintor renacentista Rafael Sanzio. También la composición piramidal.

Es conocido que Mignard, como otros autores de la época viajó a Italia para perfeccionar su arte. Allí no sólo vería las obras de los grandes maestros clásicos del renacimiento, si no también de las corrientes de su época. Muestra de ello, podemos observar los contrastes entre sombras y luces, eso sí interpretados de una manera más francesa, es decir, equilibrada y sin dramatismo.

Al fondo un paisaje tenebroso medio cubierto por una cortina, en primer plano todo es equilibrio y armonía.

El Niño nos mira con delicadeza, bajo el fino velo de su Madre, símbolo de la pureza.

El azul del manto de la Virgen alude al Cielo, el rojo al amor. Las manzanas del pequeño bodegón de la izquierda podrían ser símbolo del Pecado Original y las uvas que la Virgen y el Niño toman en sus manos a la Eucaristía y el Sacrificio Redentor de Cristo.

Post dedicado a SDM😉

La Primavera. Botticelli.

abril 27, 2013

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La Primavera, 1482
Sandro Botticelli.
Galería de los Uffizi, Florencia.

En la Florencia de finales del Quatrocentto, fruto de las corrientes culturales y filosóficas un pintor nos deja una de las obras más bellas y famosas de la pintura Occidental.

La Primavera, es el reflejo del poema clásico de Ovidio Fastos, que retomado por el humanista Poliziano, habla de cómo según la mitología se desarrolla la génesis de la citada estación.

Debemos leerlo de derecha a izquierda.

El suave viento del Oeste Céfiro posee a la ninfa Cloris, transformándola en su esposa, convirtiéndola en la diosa Flora. Ésta aparece en el cuadro, con su vestido vaporoso y adornada con guirnaldas esparciendo las flores, en un jardín de ensueño.

Preside, en el centro, la diosa del Amor, Venus, con pose delicada, cabeza ladeada y coronada con un halo semicircular de luminosidad entre las ramas, recortándose su silueta sobre el fondo oscuro.

A su lado, las tres Gracias, símbolo de la armonía, danzan en círculo, con sus manos de finos dedos delicádamente entrelazadas. El tono oscuro del fondo y la rigidez vertical de los árboles, contrasta con el sutil flotar de las tres Gracias. Sus finos ropajes transparentes movidos al viento y pies de puntillas, evocan un ligero ritmo continuo y musical.

En el extremo del cuadro, junto a las Gracias y ensimismado en su labor, se encuentra el dios de la Guerra, Marte. Se le reconoce por su espada, sandalias y caduceo, con este último, dispersa unas nubes del jardín.

En la cúspide de la composición piramidal, aparece Cupido, con los ojos vendados, lanzando sus dardos.

La obra tiene diversas interpretaciones y su origen ha sido discutido. Recientemente, se piensa que fue encargada por Pierfrancesco de Medicis, sobrino de Lorenzo el Magnífico.

Botticelli, con su característico estilo, delicado y refinado, de dibujo armónico y  musical,  supo plasmar ese renacer del clasicismo y las corrientes neoplatónicas del Humanismo florentino del S. XV.

La Paz, la Belleza, el Amor, la Armonía son los ideales que presiden la composición.

Arearea. Paul Gauguin

octubre 12, 2012
Arearea

Arearea

Arearea 1892 Paul Gauguin.
Museo D’Orsay

Arearea, significa jocosidad, alegría en lengua tahitiana y es el sentimiento apacible que nos quiere mostrar Gauguin a través de esta pintura.

El tiempo parece haberse parado en este cálido paisaje donde la idealización ensoñadora y primitiva y la sencillez nos hablan de la belleza del euilibrio y la armonía.

Huyendo de la vida moderna de la gran ciudad, el pintor Paul Gauguin se retira a Tahití. Es en esta isla de la polinesia donde se encuentra inspirado para pintar sus obras más famosas.

Más allá del impresionismo, e influenciado por Van Gogh y las composiciones de las estampas japonesas, Gauguin desarrolló un estilo personal que marcaría generaciones posteriores de artistas fauvistas y naif.

Como en una utopía de fábula, en sus obras conviven apaciblemente hombres, dioses ancestrales, vegetación exótica, animales…

Nada importa al pintor  las críticas en un principio a su obra, a su perro naranja en primer plano, la falta de perspectiva o de profundidad, pues más que una representación mimética de la realidad, Gauguin quiere mostrarnos emotivamente su visión personal.

Desvinculado de normas y convencionalismos, Gauguin disfruta de la libertad expresiva  y juega con la combinación rítmica de las formas y los colores. Tonos cálidos y planos sin perspectiva, esencia y sencillez, nos hablan de la alegría de una vida idílica  de armonía del hombre con la naturaleza.

Clío, Euterpe y Talía. Le Sueur.

junio 25, 2012

Clío, Euterpe y Talía

Clío, Euterpe y Talía.
Le Sueur 1640 – 1645.
Museo del Louvre París.

El pintor francés Eustache Le Sueur, es representante del clasicismo barroco francés.

En la Corte de Francia se había impuesto un arte idealizado, donde la medida, el gusto y refinamiento debía de estar a la altura de los grandes clásicos.

Para ello se crean las famosas academias, Le Seuer es uno de sus fundadores, desde allí se impartirían normas de conveniencia en el arte.

Las musas son en la mitología clásica, nueve , acompañan al dios Apolo del  “Ethos”,equilibrio y la armonía e inspiran a músicos y poetas.

Le Seuer en esta obra,pinta a tres de ellas, Clío, musa de la Historia, en una mano posee una tompeta y en otra un tomo de historia, a su izquierda Euterpe, musa de la música toca una flauta travesera y en primer plano, Talía, como símbolo de la poesía bucólica, pero también de la comedia, porta una máscara. Todas van corondas con laurel, símbolo del dios Apolo.

Los rostros de las jóvenes son muy similares, de perfil griego y elegancia clásica, parecen casi el mismo mostrado desde tres puntos distintos de vista.

La composición es triangular, equilibrada y serena.

El dibujo es líneal, la línea predomina sobre el color y se recorta sobre un fondo paisajístico idealizado  de verdes dorados y ocres, alusión al Olimpo de los dioses.

Turner. Lluvia, vapor y velocidad.

junio 19, 2012

Lluvia, vapor, velocidad

Joseph Mallord William Turner.
Lluvia, vapor, velocidad. 1844. 
Galería Nacional de Londres.

Con Turner nos encontramos ante el Romanticismo pictórico.

Aquella máquina de metal, enorme armatoste ruidoso que recorría velozmente distancias jamás pensadas era reflejo de los cambios acaecidos con la Revolución Industrial.

La fuerza desgarradora del ferrocarril, transformaba la serena tranquilidad de pueblos y ciudades.

Turner no es ajeno al entusiasmo por los avances de su tiempo. Con una pintura a manchas, donde los contornos se diluyen y los fuertes brochazos se superponen, nos plasma anticipándose al Impresionismo,  la atmósfera de un paisaje de su época, entre un hermoso juego de luces cálidas de gran carga expresiva en la que se siente esa “lluvia”, “vapor” y “velocidad”.

Tres miradas sobre el Renacimiento italiano

junio 19, 2012

1. Leonardo: La intelectualidad

2. Rafael: La Belleza

3. Miguel Ángel: La vitalidad

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Leonardo da Vinci o el Conocimiento

La Virgen de las rocas

La Virgen de las Rocas 1483-1486. Leonardo da Vinci. Museo del Louvre.

Claves

– Naturalismo e idealización – Misterio, aire, atmósfera – Perspectiva – Armonía – Ciencia y Arte

Leonardo da Vinci, ha pasado a la historia no sólo por su extensa sabiduría, sino también por la constante búsqueda de la misma.

El hombre humanista es aquel que centra su estudio en diversas materias, como la astrología, las aritméticas, la filosofía, la retórica.. para buscar un progreso infinito de nuestra civilización y la esencia de la vida.

Comentario artístico:

Leonardo sitúa sobre un paisaje misterioso las figuras de la Virgen, el Niño Jesús, San Juanito y un ángel.

Las figuras se relacionan por medio de gestos. El ángel nos mira a nosotros y nos sitúa en la escena. Con el índice señala al Niño Jesús, como clave del cuadro.

El paisaje es misterioso, así como misterioso es el devenir humano. Leonardo había estudiado bien las formaciones rocosas y de forma realista las presenta en el fondo del cuadro.

La perspectiva de la obra, se intensifica aún más gracias a la técnica de finas veladuras, “sfumato”, que contribuye a la sensación de “atmosfera” en la obra.

Rafael o la Belleza

Virgen del Prado
Virgen del Prado

La Virgen del Prado 1505-1506. Museo de Historia del Arte de Viena. Rafael Sanzio.

Claves:

– Lo Bello – El equilibrio – La serenidad – El idealismo platónico – La Bondad – La Humanidad.

El Renacimiento italiano busca un retorno a los valores grecolatinos, bajo una perspectiva cristiana.

La Naturaleza se idealiza, los valores platónicos universales vuelven a estar presentes.

El equilibrio y la serenidad han de ser virtudes que caractericen al hombre renacentista, así como la sabiduría de diversas materias.

La Belleza es muy apreciada y se busca en todos los aspectos de la vida.

Se valora la cultura universal.

Comentario artístico:

En una apacible campiña florentina, Rafael sitúa a la Virgen María, el Niño Jesús y su primo San Juan niño.

Los colores cálidos (rojo, anaranjado…) se templan con los fríos (azules, grises).

Se encuentran dentro de una composición triangular. Son tres los lados del triángulo, al igual que tres es el número sagrado por antonomasia.

En la cúspide del mismo, sitúa el rostro de la Virgen idealizado y de belleza serena. En la base Jesús y San Juan juegan. Destacamos las posturas y el equilibrio de la composición.

Miguel Ángel o la Vitalidad

La Creación

 La Creación.1510. Fresco. Capilla Sixtina. Miguel Ángel.

Claves:

– La dignidad del hombre – El optimismo. – La fortaleza y la templanza – El egocentrismo – El potencial- La inteligencia – El amor

El Renacimiento italiano se caracteriza por la el optimismo y la vitalidad.

El hombre se siente el centro del universo, la criatura más maravillosa creada por Dios.

Su cabeza vuela alto gracias a su inteligencia, su desarrollo potencial se siente infinito.

Sus pies se encuentran en la tierra, una tierra que ha dejado de ser el “valle de lágrimas” de la Edad Media para pasar a una Naturaleza civilizada a través de las virtudes humanas.

Comentario artístico:

Este fresco se encuentra en la Capilla Sixtina del Vaticano. Hemos escogido la parte en la que Dios a la derecha va a insuflar vida al hombre.

Miguel Ángel Buonarroti, destacó en numerosas bellas artes, pero sobre todo es conocido por la escultura y estos frescos en la pintura.

Se observa su influencia como escultor. Las figuras poseen rotundidad escultórica, fuerza y vigorosidad. El genio arrollador de su espíritu se hace patente en el episodio más importante de la Historia de la Humanidad.

 

 

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. Claude Lorrain. 1648

mayo 2, 2012

Claudio de Lorena

Puerto de mar con embarque de la reina de Saba. 1648.
Claude Lorrain.
Galería Nacional de Londres.

Claude Gellée era su verdadero nombre, el pintor había nacido en Lorena y muy tempranamente había emigrado a Roma. De ahí su apelativo “Claudio de Lorena”.

Entusiasmado con el esplendor de la Antigüedad clásica, Lorrain recrea en sus paisajes ensoñadores y melancólicos, escenas históricas y mitológicas, grandiosas ruinas, y monumentos solemnes del momento, bañados por una luz suave que diluye y suaviza levemente los contornos.

Lorrain es considerado el primer gran paisajista. Hasta entonces no había tenido tanta importancia éste género por sí mismo. Se lo consideraba menor.

Nos encontramos ante un refulgente amanecer en un puerto de la antigüedad clásica, ruinas y edificios más o menos de la época del pintor, recrean de forma imaginativa y ensoñadora un paisaje idílico.

La luz emerge del fondo bañando sutilmente las nubes, el mar, incitándonos a mirar hacia el horizonte.

En las obras de Lorrain, las figuras se muestran en pequeña escala y como de forma anecdótica, éstas hacen referencia al título de la obra, pero el indiscutible protagonista es el paisaje, un paisaje donde la luz y el color transforman la pintura en poesía y lirismo.

Gainsborough. Las hijas del pintor persiguiendo una mariposa.

marzo 5, 2012

Las hijas del pintor cazando una mariposa

Thomas Gainsborough
Las hijas del pintor persiguiendo una mariposa. 1756.
Galería Nacional de Londres.

Insertas en un paisaje de cálidos tonos otoñales, Mary y Margaret, las hijas del pintor Thomas Gainsborough pasean de la mano.

Por la época, ya eran conocidos los escritos del célebre Rosseau sobre la necesidad de una vuelta a la naturaleza, relacionándola con el estado más puro del hombre como refugio  ante el agitamiento de las ciudades modernas donde pensaba que el espíritu se corrompía de su esencial bondad.

Al mismo tiempo, surgían escritos sobre la educación , las fases de la infancia, etc.

El paisaje de tonos cálidos crea un áurea de intimismo que se ve reforzado por los mismos tonos del vestido.

Las niñas son retratadas por su padre con toda la belleza y naturalidad de la infancia, no posan de manera altiva como los retratos de las clases altas que Gainsborough solía realizar.

El pintor ha preferido inmortalizar de forma más íntima y algo melancólica la belleza fugaz de la infancia, ligera y transparente a la vez fugaz como la mariposa que juguetea entre los matojos.

La luz destaca las caras de las dos niñas para poder apreciar con claridad las reacciones de ambas hacia el mismo hecho.

La pequeña de rostro inocente y asustadizo, de manera espontánea entre asustada y espontáneamente intenta capturar con su manita una mariposa.

Su hermana mayor la observa con gesto más seguro con la confianza que da la experiencia de unos pocosaños más y que le lleva a asir de manera protectora la mano de la pequeña.

El paisaje nos recuerda los paisajes barrocos de los pintores flamencos a quien Gainsborough había estudiado. La pincelada espontánea viva y brillante, los retratos de Rubens o Van Dyck.